jueves, 10 de noviembre de 2011

El Viajero no hace el camino...

El viajero no hace el camino, es el camino el que forma al viajero...
Puedo afirmar que este 1 de noviembre fue el más especial de todos los aniversarios de mi natalicio.
La invitación de Kai y la charla previa con John Freddy me habían puesto en un estado de conexión hermoso con la sierra. Isa me había dicho que cuando la montaña tuviese cosas para compartir conmigo se manifestaría de una manera u otra. Así fue que una serie de hechos concatenados hicieron que el 2 de noviembre salga camino a la aventura.
El equipo estaba compuesto de 3 chicos de Bogotá, una neoyorquina, Kai, Bruce (el perro fiel) y yo. Nos tomamos un bus pasado el mediodía, y llegamos a Río Ancho, en la Guajira. Después de comprar alimentos, agua y otros menesteres, comenzamos el ascenso.
Eran las 5 de la tarde y el sol empezaba a caer de a poco, queríamos apurarnos para que la noche no nos agarrara subiendo, pero no tuvimos suerte. Todavía nos faltaba más de una hora de caminata cuando el Dios sol se escondió detrás de las nubes y una lluvia torrencial se desató sobre nuestras cabezas. Saque el aislante de la mochila y lo puso por encima, aunque de nada sirvió, rápidamente mi equipaje empezó a mojarse y con el todo lo que viajaba dentro.
Con el camino destruido y en subida, las charcos de agua comenzaron a hacerse cada vez más grandes. No quería que se me mojaran las zapatillas y las medias ya que faltaba mucho para llegar y quería estar abrigado para la noche, pero no lo logré. A la media hora decidí que lo mejor era atravesar los charcos por el medio para pisar firme y evitar caídas en las saltos.
La oscuridad se posó en lo alto y el agua tapó el camino. Sólo contábamos con dos linternas con lo cuál tuvimos que hacer más lento todo.
Para llegar al pueblo debíamos cruzar un río, el cuál estaba desbordado por las lluvias y el agua nos llegaba a la cintura, entonces Kai decidió como mejor opción pasar la noche en casa del Jate.
Se preguntarán quién es el Jate? Jate significa padre en idioma Kogui y nosotros llegamos a su casa.

Un terreno con tres casas hechas de barro y palo, con plantaciones de platano, cacao y malanga.
Cerca de las 8 de la noche llegamos a su hogar. Todos mojados de pies a cabeza, fue Kai el primero en hacerse ver ya que su amistad con la comunidad data de mucho tiempo atrás.
No se veía mucho, sólo un fuego en medio de la cabaña y muchas personas sentadas alrededor del fuego.
La alegría del Jate cuando lo vió entrar fue impresionante, no paro de repetir en los 3 días que estuvimos con ellos que Kai era su amigo y siempre bienvenido.
La mayoría de ellos no habla castellano, asique el jate y su hijo Manuel son los intérpretes. El resto de la casa se conformaba por la Java (madre) y las demás mujeres y niños del lugar. Con suerte rescaté una remera que había sobrevivido a la tormenta, mientras colgaba en los palos de la casa toda la ropa húmeda.
Kai puso a calentar agua para las pastas que se vendrían y empezamos a pensar que más agregarle para que rindan ya que eramos por lo menos 15 personas.
Fideos con salsa de tomate y soja fue el menú, servidos en platos hondos que habíamos llevado de regalo y comiendo con la mano, todos como una gran familia sentados frente al fogón.
Después de un rato el Jate le dice a Kai que va a dejarnos su casa para que estemos cómodos y que los demás se acomodarán en la casa de al lado, mientras el Jate se fue a la tercera casita que es su lugar de meditación y carpintería. Colgamos las hamacas y a medida que el fuego fue perdiendo poder también nosotros nos fuimos apagando con él. Eran cerca de las 11 cuando todos se habían dormido, yo en tanto daba las últimas puntadas a una mochila que estoy tejiendo. La paz de la montaña era muy fuerte y sólo una cascada cercana se hacía sentir con gran intensidad.
Canta que te canta el gallo, el reloj marca las 4 am y el sol se asoma de a poco en el horizonte, se empiezan a escuchar los primeros pasos cerca de la casa y de a poco todos empezamos a levantarnos.
Para las 6 de la mañana todos estamos levantados, la claridad se hace total y el fuego se empieza a encender para preparar el desayuno. Aprovecho y cuelgo todas mis cosas mojadas en un alambrado para que el sol haga su tarea, después bajo al río para lavarme la cara y mojarme la cabeza.
Después de tomar un rico chocolate planeamos el ascenso al pueblo para encontrarnos con el Mamo (máxima autoridad del pueblo y voz principal del Cabildo), en tanto Kai baja a Río Ancho en busca de un grupo de 5 personas que vienen en motos desde Bogotá.
Estuvimos unas horas en el pueblo hablando con el Mamo, sacando algunas fotos en el lugar y con los niños y tuvimos que bajar porque los Carlos, David y Edgar se iban para Palomino, una playa cercana a la sierra.
Para ese momento yo tenía claro que mi objetivo era dormir una noche más en la comunidad.
El sol caía y la lluvia siempre puntual marcaba tarjeta. Decidí ponerme a cocinar ya que Kai y el nuevo grupo estaba en camino y quería tener todo listo para cuando llegaran. Un arroz con verduras salteadas fue el menú del nuevo día. Gustavo y su banda llegaron mojadas al igual que nosotros la noche antes, asique más acostumbrados a la situación les dimos consejos. Se reían después cuando me contaron que creyeron que yo era un Kogui por verme a cargo del fuego y la cena. Llegada la noche eramos ocho dentro de la casa y los espacios se achicaban cada vez más. Colgamos las hamacas y ellos armaron la carpa dentro de la casa y así pasamos la noche.
Y a las 4 am el gallo volvió a marcar el inicio de la jornada. Entre charla y charla me contaron que se iban para Palomino a pasar el día, en tanto yo les conté que necesitaba llegar a Venezuela a marcar frontera.
La sorpresa fue grande cuando decidieron cancelar su viaje y llevarme a mi en sus motos a tramitar mi salida y el nuevo ingreso a Colombia.
Después de bajar en las motos por el camino lleno de barro y de piedras y de caernos dos veces en el barro por suerte sin lesión alguna salvo un espejo de la moto llegamos a Río Ancho.
Cargamos combustible, compramos agua y algo para desayunar y emprendimos el viaje hacia Venezuela.

Con mi mochila en la espalda y la de Gustavo en las piernas, en ojotas y sin casco, a más de 130 KMH salimos por la Troncal del Caribe. Antes de llegar a Río Hacha la policía hace su entrada a escena. Nos paran en un retén, nos piden documentos y descender del vehículo. Con temor a una multa Gustavo se pone nervioso, le pido que ni hable y me hago cargo de la situación.
Empiezo a chamuyar al oficial y el dialogo es más o menos el siguiente:
- Buenas tardes Oficial, Juan Manuel es mi nombre
- Buenas tardes, los documentos por favor, No saben que no pueden andar sin casco?
- Si oficial, me he quedado sin plata y estaba tirando dedo en la ruta ya que necesito llegar a Venezuela para cruzar la frontera porque hoy es el último día que puedo estar en Colombia. Ellos me están dando un aventón pero si usted decide que no podemos seguir me quedaré por acá hasta que algún camión me lleve.
El oficial me mira y me dice, Argentino?
- Si le contesto
- Bueno vayan y tengan cuidado y no vuelvan a salir son cascos.
Gustavo recupera el color en su cara y nosotros seguimos viaje.
Después de parar en Río Hacha a almorzar y cargar combustible emprendemos viaje hacia la frontera.
3 horas después vemos el cartel de ¡Bienvenidos a Maicao! y el festejo se escucha entre las tres motos viajeras. Sólo nos faltan 8 km para llegar a Venezuela...
Papeles van, papeles vienen en el DAS, camino de una estación aduanera a otra. Marco la salida sin problemas, hago la entrada en Venezuela y vuelvo a Colombia para marcar la entrada y acá empiezan los problemas. El poli aduanero no me quiero dejar volver ya que necesito estar fuera del país por 72 hs. para que tenga validez, pero detecto que quiere coimearme, triste de él que se ríe de mi estilo mochilero mientras se consuela con un poco de plata. Benditos y estúpidos perseguidores del vil metal, me terminan sacando un billete pero la felicidad de ver el sello en mi pasaporte no tiene comparación. Me habilita a quedarme 2 meses más en Colombia mientras la Samaria se alegra porque me va a tener entre los suyos de nuevo.
Era eso o dormir 3 días en la frontera, y créanme que nadie quisiera pasar más de media hora en ese lugar.
Hacemos fotos para retratar el momento y emprendemos el regreso hacia Palomino para pasar la noche en la playa.
Me quedo con una imagen, la del cartel de salida a Colombia: "La Frontera sólo existe en el pensamiento de los hombres escasos" Ovidio Mejía Marulanda.

Pienso y digo, podrán sacarme toda la plata, todos los policías del mundo, en todas las fronteras que cruce, pero en mi mente nunca tendré límites, la capacidad de soñar es indestructible cuando se tiene la convicción. A partir del 5 de Julio que soy habitante del mundo y nada ni nadie me dirán por donde puedo pisar y por donde no, porque el suelo no se vende, no se compra y no se negocia.
Sigo uniendo Latinoamérica, sigo caminando firme y con la frente bien alta.

Este viajero que un día pensó que iba a formar su propio camino se dió cuenta que es el camino el que forma al viajero.
Cada día tengo mas convicción en que todo aparece por un motivo, que nuestro camino está marcado para llegar a ese lugar preciso, y las decisiones que tomamos son las que nos acercan o nos desvían de ese objetivo.
Sólo me resta decir que si quieren cambios verdaderos empiecen a caminar distinto....

Abrazo para todos y cada uno
Subansé a la Ola y a Surfearla
Pura Vida

Yuyi - 10 de Noviembre de 2011 - Santa Marta