Cuando llegó Isabel ya eran más de las 2 de la tarde, desde la Terminal nos fuimos directo a casa de Nano en el Rodadero.
Hablamos con Karen y Gerardo que nos habían invitado a la Reserva Natural "Mamancana" y a las 7 estabamos subiendo camino de trocha hacia la Reserva.
Gerardo me cuenta que esa montaña estaba siendo explotada por cazadores y personas dedicadas a la tala de arboles. Se compró las primeras 10 Hectáreas y de a poco fue comprando más hasta llegar a las 350. Hoy tiene una reserva natural privada, con sectores de escalada, descenso en Bici, parapente y aladelta. Con muchísimas especies animales y vegetales. Sin darse cuenta rescató y le dió vida a una montaña que tendía a desaparecer. Esos pequeños grandes actos casi imperceptibles son los que marcan la diferencia.
Después de 3 días ahí volvimos al Rodadero a encontrarnos con Juancho, caleño amigo de Isa. Dejamos las mochilas en la casa y nos fuimos para la playa.
Nos dispusimos a llegar caminando hasta Puerto Luz y ahí tomar la Barquita de Camilo que nos llevaría hasta el morro que se encuentra en medio del mar. Después de rodear el morro, estacionamos en unas piedras que formaban una pileta natural a comer una manzana y tomar un poco de sol.
Al rato proponen ir a escalar el morro y saltar al mar desde una piedra que se encontraba a 15 o 20 mts. del agua.
Nos tiramos al agua y empezamos a nadar para llegar al morro. Juancho nos ayuda a subir y empezamos a escalar. La piedra se hacia filosa y con las manos y los pies mojados aparecían las primeras marcas de guerra.
Empezamos saltando de una piedra que estaba más abajo, pero después del primer salto decidimos ir directo a la más alta. El salto del Ángel, parado en la punta el vértigo se hace presente aunque trato de relajarme y concentrarme en el horizonte. Mirando el mar para ver la entrada y salida de agua. Tomé coraje y pegué el salto. La sensación entrando al mar desde esa altura fue alucinante. Obviamente quería más, en una de las subidas una ola me desacomodó y le pegué con la espalda a las piedras, salí para atrás, volví a nadar hacia la piedra y me subí, pisando un erizo y llevándome de recuerdo 3 puas en el dedo gordo.
Decidiendo que sería el último salto, empiezo a mentalizarme con la posibilidad de hacer un clavado entre las piedras y desde esa altura. Debo reconocer que antes me había tirado 2 o 3 veces y en todas dije "ni en pedo me tiro de cabeza", pero ese ascenso fue distinto, me llenó de vida, en medio del mar, con el horizonte al frente. Llegué trepando hasta la cima, empecé a meditar, manejando la respiración y en un momento simplemente salté, haciendo un clavado hermoso, aunque la entrada al agua fue brusca y me sacó de costado, nadie me va a sacar la experiencia.
Volvimos remando hasta playa blanca, comimos un pescado frito con arroz de coco y unos vegetales y después de una siesta en una hamaca volvimos a dejar la barca en Puerto Luz.
De un lado el sol se escondia pintando el cielo de naranjas, rosas, violetas, azules. Las nubes se teñian de sombras, mientras tanto, en el otro extremo, el cielo permanecía oscuro, la luna se mostraba firme y alta, avisando al mundo que en dos días estará completamente llena y radiante.
Nosotros paramos bajo una palmera, disfrutando historias y otras yerbas, mientras el día llegaba a su fin.
A la mañana siguiente con la mochila lista empezamos la travesía hacia Parque Tayrona. Tomamos un bus en el mercado de Santa Marta, viajamos 45 minutos y nos bajamos en Calabazo, entrada menos conocida al Tayrona. Tres horas de caminata, montaña arriba, entre la selva y su barro, con las mochilas cargadas entre la ropa, la carpa y el alimento empezamos el ascenso. Las mariposas se paseaban por doquier a nuestro alrededor, los interminables ejércitos de hormigas recolectaban el alimento a nuestro paso y la espalda empezaba a sufrir el peso. Faltando media hora para llegar nos cruzamos con una cascada increíble y sin dudarlo, dejando todo al costado, decidimos bañarnos en la piscina natural que se formaba.
Llegamos a Playa Brava y la dueña nos recibió con una taza de café. Empecé a armar la carpa mientras Isabel prepara unos sandwichs.
Fuimos a playa brava porque aún permanece como en las viejas épocas, vacío, sin turistas, sin ruidos, sin nada. El cabo San Juan en muy lindo pero no se puede caminar de la cantidad de gente que hay.
Nosotros llegamos y no había nadie, las águilas volaban sobre nosotros esperando cruzar una víctima, mientras los cangrejos se paseaban por la blanca arena.
Los días se hacían eternos y la cabeza más presente. Las enseñanzas brotaban en todos lados.
Nos quedamos 3 noches, pero podrían haber sido mil. Decidimos volver, la comida se estaba terminando, el agua había muerto hace rato y sólo nos quedaba hervir agua del río y ponerle un poco de café para saborizarla. La dueña nos insistío con regalarnos una noche más, pero el cuerpo ya necesitaba una ducha y una cama.
Volvimos completos, eternos, renovados, con mil cosas aprendidas, con otras tantas conocidas y con muchas por mejorar.
Al mediodía estabamos en el camino volviendo a la civilización, nos bañamos en la cascada para refrescar el camino y 3 horas después ya descansabamos en la ruta esperando el bus de retorno a Taganga...
Ya pasaron 6 meses y la estadía en Colombia se va terminando. Siempre me preguntan que extraño más, que cosas me hacen falta, que cosas necesito.
No me hace falta nada, tal vez una bombilla que se partió en el camino, las ojotas se rompieron pero no necesite otras, simplemente decidí andar descalzo. Lo más difícil para mí ego fue entender que nadie me necesita, que todos somos prescindibles.
Llegando a fin de año y después de tantos cambios les deseo que todos sean muy felices, que vivan intensamente, que dejen de mirar lo que no tienen y empiecen a disfrutar las cosas simples. Que se animen a dar el salto, que puedan cambiar todo lo que quieran y que asuman los riesgos, que siempre será mejor que no haberlo intentado...
Feliz 2012 para todos, que el Astro Rey les ilumine cada uno de sus pasos...
Abrazos para todos y cada uno...
Subansé a la ola y a surfearla
Pura Vida
Yuyi - 23 de Diciembre de 2011 - Taganga