lunes, 13 de febrero de 2012

He vuelto...

Después de mucho tiempo he tenido ganas de escribir..
Hacia mucho que no tenía nada para decir, la historia de haber trabajado de marinero me la reserve un poquito.. Me la voy a tener guardada para mis nietos...
Hoy siento que tengo para decir y me dí cuenta que estaba un poquito estancado, normal en cualquier proceso de aprendizaje de vida y que uno percibe que no todos los días son una fiesta.
Desde Taganga que no sentía esta felicidad. Isa se había ido para Medellín y yo iba camino a Cartagena.
Llegué a Cartagena, ciudad linda y fea, alegre y triste, construida de espaldas al pueblo, un montaje para los turistas.
No estaba feliz acá, mucho trabajo pero poco disfrute, asique me voy para Medellín, a trabajar, a disfrutar de Isa, a disfrutar de todas las cosas lindas que tiene esa ciudad.


Las cosas lindas que me dió Cartagena es a su gente y a toda la gente que he conocido.
Una noche nos quedamos hasta las 4 am hablando con Gregory, de profesión escritor de malas novelas según él, de lo cuál descreo, pero reconozco la modestía y acepto.
La cabeza de ese señor es enorme, nos paseamos por todos los temas. Economía, política, historia, arte, cine, amor, de lo que quieran.
Me contó una historia que creo, marco muchas cosas en mi, cosas de las que hacen pensar, de las que se sienten.
La mañana del 9 de setiembre de 2001, el estaba durmiendo en su departamento, en el DownTown de New York cuando una explosión y el temblor posterior lo despertó. Miró por la ventana y divisó un hueco en la primera torre y el fuego creciendo. Un minuto después la mujer lo llama por teléfono y le alcanza a decir, "we are burning alive", "Nos estamos quemando vivos", inmediatamente después se cortó la comunicación y ya nunca más volvieron a hablar.
Katherine, falleció ese día en el choque del primer avión, nunca más pudo hablarle, ni siquiera despedirse. Me costaba mucho entender realmente el dolor que habrá sentido. Mi cabeza por dentro no comprendía como la muerte de ella había sido su despertador. Me dieron inevitables ganas de soltar alguna lágrima, abrazarlo, no sé, me quedé helado.
Me dice que después de 6 años pudo despertarse un día sin lágrimas en los ojos. Y mí cabeza sigue sin tomar dimensión real de lo que me cuenta.
Pero me dejo pensando, si no nos despertamos, si no vivimos la vida como si fuese el último día, si no disfrutamos de cada momento de felicidad. Si no podemos jugar con los niños, mirar las estrellas o simplemente escuchar el viento. si no podemos mirar dentro nuestro y seguir nuestra intuición, nuestro don de fluir. Si no somos capaces una vez en la vida de tomar la elección correcta. Seguir los caminos que tengan corazón, diría Don Juan en sus enseñanzas. HAY QUE DESPERTARSE, eso me quedó claro, seguir abriendo los ojos. 
Días después leí una historia que me gustaría contarles:

Se dice que un maestro budista iluminado estaba sentado una tarde a la orilla de un río, disfrutando del sonido del agua, del sonido del viento que pasaba a través de las hojas. Se le acercó un hombre y le preguntó:
-¿Puedes decirme en una sola palabra la esencia de tu religión
El maestro permaneció callado, en silencio absoluto, como si no hubiera oído la pregunta. El hombre insistió:
-¿Estás sordo o qué?
El maestro dijo:
-He oído tu pregunta y la he respondido. El silencio es la respuesta. He permanecido en silencio. Esa pausa, ese intervalo, era mi respuesta:
El hombre dijo:
-No puedo entender una respuesta tan misteriosa. ¿No puedes ser un poco más claro?
Entonces el maestro escribió en la arena con el dedo la palabra
«Meditación» en letras pequeñas.
-Eso puedo leerlo -dijo el hombre-. Esto es algo mejor que lo del principio. Al menos tengo una palabra sobre la que reflexionar. Pero ¿no puedes decirlo un poco más claro?
El maestro volvió a escribir «MEDITACIÓN», pero esta vez en letras más grandes. El hombre se sentía un poco incómodo, desconcertado, ofendido, irritado.
-¿Otra vez escribes «meditación»? ¿No puedes decírmelo más
claro?
Y el maestro escribió en letras mayúsculas muy grandes «MEDITACIÓN».
-Me parece que estás loco -dijo el hombre.
-Ya he descendido mucho -dijo el maestro-. La primera respuesta era la respuesta correcta, la segunda no era tan correcta, la tercera estaba aún más equivocada, la cuarta era ya muy incorrecta... porque cuando escribes «MEDITACIÓN» en letras mayúsculas, creas con ello un dios.
Por eso la palabra Dios se escribe con D mayúscula. Cada vez que quieres que algo sea supremo, definitivo, lo escribes con mayúscula.
-Ya he cometido un pecado -dijo el maestro. Borró todas las palabras que había escrito y dijo-: Por favor, escucha mi primera respuesta. Sólo con ella te he dicho la verdad.
El silencio es el espacio en el que uno despierta, y la mente ruidosa es el espacio en el que uno permanece dormido. Si tu mente continúa parloteando, estás dormido. Si te sientas en silencio, si la mente desaparece y puedes oír el canto de los pájaros y no hay mente en tu interior, un silencio... este silbido del pájaro, este gorjeo, y ninguna mente funcionando dentro de tu cabeza, silencio total... entonces la conciencia aflora en ti. No viene de fuera, surge dentro de ti, crece en ti. Por lo demás, recuerda: estás dormido.
Fuente: Prólogo del libro "Conciencia. La clave para vivir en equilibrio". Osho


Espero que hayan disfrutado esto que quería compartir con ustedes. Nos seguimos leyendo.

Abrazos para todos y cada uno.
Subansé a la ola y a surfearla.
Pura Vida

Yuyi - 13 de febrero de 2012 - Cartagena de Indias, Colombia 


Mi humilde homenaje al gran Flaco Spinetta... Aunque no soy creyente, Yo Rezo por Vos... Buen Viaje flaco, nos vemos del otro lado...

Y curé mis heridas
Y me encendí de amor
Y quemé las cortinas
Y me encendí de amor, de amor sagrado.

Y entonces rezo.
Rezo, rezo, rezo, rezo por vos.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Un Poco de Turismo Aventura

Cuando llegó Isabel ya eran más de las 2 de la tarde, desde la Terminal nos fuimos directo a casa de Nano en el Rodadero.
Hablamos con Karen y Gerardo que nos habían invitado a la Reserva Natural "Mamancana" y a las 7 estabamos subiendo camino de trocha hacia la Reserva.
Gerardo me cuenta que esa montaña estaba siendo explotada por cazadores y personas dedicadas a la tala de arboles. Se compró las primeras 10 Hectáreas y de a poco fue comprando más hasta llegar a las 350. Hoy tiene una reserva natural privada, con sectores de escalada, descenso en Bici, parapente y aladelta. Con muchísimas especies animales y vegetales. Sin darse cuenta rescató y le dió vida a una montaña que tendía a desaparecer. Esos pequeños grandes actos casi imperceptibles son los que marcan la diferencia.
Después de 3 días ahí volvimos al Rodadero a encontrarnos con Juancho, caleño amigo de Isa. Dejamos las mochilas en la casa y nos fuimos para la playa.

Nos dispusimos a llegar caminando hasta Puerto Luz y ahí tomar la Barquita de Camilo que nos llevaría hasta el morro que se encuentra en medio del mar. Después de rodear el morro, estacionamos en unas piedras que formaban una pileta natural a comer una manzana y tomar un poco de sol.
Al rato proponen ir a escalar el morro y saltar al mar desde una piedra que se encontraba a 15 o 20 mts. del agua.
Nos tiramos al agua y empezamos a nadar para llegar al morro. Juancho nos ayuda a subir y empezamos a escalar. La piedra se hacia filosa y con las manos y los pies mojados aparecían las primeras marcas de guerra.
Empezamos saltando de una piedra que estaba más abajo, pero después del primer salto decidimos ir directo a la más alta. El salto del Ángel, parado en la punta el vértigo se hace presente aunque trato de relajarme y concentrarme en el horizonte. Mirando el mar para ver la entrada y salida de agua. Tomé coraje y pegué el salto. La sensación entrando al mar desde esa altura fue alucinante. Obviamente quería más, en una de las subidas una ola me desacomodó y le pegué con la espalda a las piedras, salí para atrás, volví a nadar hacia la piedra y me subí, pisando un erizo y llevándome de recuerdo 3 puas en el dedo gordo.
Decidiendo que sería el último salto, empiezo a mentalizarme con la posibilidad de hacer un clavado entre las piedras y desde esa altura. Debo reconocer que antes me había tirado 2 o 3 veces y en todas dije "ni en pedo me tiro de cabeza", pero ese ascenso fue distinto, me llenó de vida, en medio del mar, con el horizonte al frente. Llegué trepando hasta la cima, empecé a meditar, manejando la respiración y en un momento simplemente salté, haciendo un clavado hermoso, aunque la entrada al agua fue brusca y me sacó de costado, nadie me va a sacar la experiencia.
Volvimos remando hasta playa blanca, comimos un pescado frito con arroz de coco y unos vegetales y después de una siesta en una hamaca volvimos a dejar la barca en Puerto Luz.
De un lado el sol se escondia pintando el cielo de naranjas, rosas, violetas, azules. Las nubes se teñian de sombras, mientras tanto, en el otro extremo, el cielo permanecía oscuro, la luna se mostraba firme y alta, avisando al mundo que en dos días estará completamente llena y radiante.
Nosotros paramos bajo una palmera, disfrutando historias y otras yerbas, mientras el día llegaba a su fin.
A la mañana siguiente con la mochila lista empezamos la travesía hacia Parque Tayrona. Tomamos un bus en el mercado de Santa Marta, viajamos 45 minutos y nos bajamos en Calabazo, entrada menos conocida al Tayrona. Tres horas de caminata, montaña arriba, entre la selva y su barro, con las mochilas cargadas entre la ropa, la carpa y el alimento empezamos el ascenso. Las mariposas se paseaban por doquier a nuestro alrededor, los interminables ejércitos de hormigas recolectaban el alimento a nuestro paso y la espalda empezaba a sufrir el peso. Faltando media hora para llegar nos cruzamos con una cascada increíble y sin dudarlo, dejando todo al costado, decidimos bañarnos en la piscina natural que se formaba.
Llegamos a Playa Brava y la dueña nos recibió con una taza de café. Empecé a armar la carpa mientras Isabel prepara unos sandwichs.
Fuimos a playa brava porque aún permanece como en las viejas épocas, vacío, sin turistas, sin ruidos, sin nada. El cabo San Juan en muy lindo pero no se puede caminar de la cantidad de gente que hay.


Nosotros llegamos y no había nadie, las águilas volaban sobre nosotros esperando cruzar una víctima, mientras los cangrejos se paseaban por la blanca arena.
Los días se hacían eternos y la cabeza más presente. Las enseñanzas brotaban en todos lados.
Nos quedamos 3 noches, pero podrían haber sido mil. Decidimos volver, la comida se estaba terminando, el agua había muerto hace rato y sólo nos quedaba hervir agua del río y ponerle un poco de café para saborizarla. La dueña nos insistío con regalarnos una noche más, pero el cuerpo ya necesitaba una ducha y una cama.
Volvimos completos, eternos, renovados, con mil cosas aprendidas, con otras tantas conocidas y con muchas por mejorar.
Al mediodía estabamos en el camino volviendo a la civilización, nos bañamos en la cascada para refrescar el camino y 3 horas después ya descansabamos en la ruta esperando el bus de retorno a Taganga...
Ya pasaron 6 meses y la estadía en Colombia se va terminando. Siempre me preguntan que extraño más, que cosas me hacen falta, que cosas necesito.
No me hace falta nada, tal vez una bombilla que se partió en el camino, las ojotas se rompieron pero no necesite otras, simplemente decidí andar descalzo. Lo más difícil para mí ego fue entender que nadie me necesita, que todos somos prescindibles.
Llegando a fin de año y después de tantos cambios les deseo que todos sean muy felices, que vivan intensamente, que dejen de mirar lo que no tienen y empiecen a disfrutar las cosas simples. Que se animen a dar el salto, que puedan cambiar todo lo que quieran y que asuman los riesgos, que siempre será mejor que no haberlo intentado...
Feliz 2012 para todos, que el Astro Rey les ilumine cada uno de sus pasos...

Abrazos para todos y cada uno...
Subansé a la ola y a surfearla
Pura Vida

Yuyi - 23 de Diciembre de 2011 - Taganga

jueves, 10 de noviembre de 2011

El Viajero no hace el camino...

El viajero no hace el camino, es el camino el que forma al viajero...
Puedo afirmar que este 1 de noviembre fue el más especial de todos los aniversarios de mi natalicio.
La invitación de Kai y la charla previa con John Freddy me habían puesto en un estado de conexión hermoso con la sierra. Isa me había dicho que cuando la montaña tuviese cosas para compartir conmigo se manifestaría de una manera u otra. Así fue que una serie de hechos concatenados hicieron que el 2 de noviembre salga camino a la aventura.
El equipo estaba compuesto de 3 chicos de Bogotá, una neoyorquina, Kai, Bruce (el perro fiel) y yo. Nos tomamos un bus pasado el mediodía, y llegamos a Río Ancho, en la Guajira. Después de comprar alimentos, agua y otros menesteres, comenzamos el ascenso.
Eran las 5 de la tarde y el sol empezaba a caer de a poco, queríamos apurarnos para que la noche no nos agarrara subiendo, pero no tuvimos suerte. Todavía nos faltaba más de una hora de caminata cuando el Dios sol se escondió detrás de las nubes y una lluvia torrencial se desató sobre nuestras cabezas. Saque el aislante de la mochila y lo puso por encima, aunque de nada sirvió, rápidamente mi equipaje empezó a mojarse y con el todo lo que viajaba dentro.
Con el camino destruido y en subida, las charcos de agua comenzaron a hacerse cada vez más grandes. No quería que se me mojaran las zapatillas y las medias ya que faltaba mucho para llegar y quería estar abrigado para la noche, pero no lo logré. A la media hora decidí que lo mejor era atravesar los charcos por el medio para pisar firme y evitar caídas en las saltos.
La oscuridad se posó en lo alto y el agua tapó el camino. Sólo contábamos con dos linternas con lo cuál tuvimos que hacer más lento todo.
Para llegar al pueblo debíamos cruzar un río, el cuál estaba desbordado por las lluvias y el agua nos llegaba a la cintura, entonces Kai decidió como mejor opción pasar la noche en casa del Jate.
Se preguntarán quién es el Jate? Jate significa padre en idioma Kogui y nosotros llegamos a su casa.

Un terreno con tres casas hechas de barro y palo, con plantaciones de platano, cacao y malanga.
Cerca de las 8 de la noche llegamos a su hogar. Todos mojados de pies a cabeza, fue Kai el primero en hacerse ver ya que su amistad con la comunidad data de mucho tiempo atrás.
No se veía mucho, sólo un fuego en medio de la cabaña y muchas personas sentadas alrededor del fuego.
La alegría del Jate cuando lo vió entrar fue impresionante, no paro de repetir en los 3 días que estuvimos con ellos que Kai era su amigo y siempre bienvenido.
La mayoría de ellos no habla castellano, asique el jate y su hijo Manuel son los intérpretes. El resto de la casa se conformaba por la Java (madre) y las demás mujeres y niños del lugar. Con suerte rescaté una remera que había sobrevivido a la tormenta, mientras colgaba en los palos de la casa toda la ropa húmeda.
Kai puso a calentar agua para las pastas que se vendrían y empezamos a pensar que más agregarle para que rindan ya que eramos por lo menos 15 personas.
Fideos con salsa de tomate y soja fue el menú, servidos en platos hondos que habíamos llevado de regalo y comiendo con la mano, todos como una gran familia sentados frente al fogón.
Después de un rato el Jate le dice a Kai que va a dejarnos su casa para que estemos cómodos y que los demás se acomodarán en la casa de al lado, mientras el Jate se fue a la tercera casita que es su lugar de meditación y carpintería. Colgamos las hamacas y a medida que el fuego fue perdiendo poder también nosotros nos fuimos apagando con él. Eran cerca de las 11 cuando todos se habían dormido, yo en tanto daba las últimas puntadas a una mochila que estoy tejiendo. La paz de la montaña era muy fuerte y sólo una cascada cercana se hacía sentir con gran intensidad.
Canta que te canta el gallo, el reloj marca las 4 am y el sol se asoma de a poco en el horizonte, se empiezan a escuchar los primeros pasos cerca de la casa y de a poco todos empezamos a levantarnos.
Para las 6 de la mañana todos estamos levantados, la claridad se hace total y el fuego se empieza a encender para preparar el desayuno. Aprovecho y cuelgo todas mis cosas mojadas en un alambrado para que el sol haga su tarea, después bajo al río para lavarme la cara y mojarme la cabeza.
Después de tomar un rico chocolate planeamos el ascenso al pueblo para encontrarnos con el Mamo (máxima autoridad del pueblo y voz principal del Cabildo), en tanto Kai baja a Río Ancho en busca de un grupo de 5 personas que vienen en motos desde Bogotá.
Estuvimos unas horas en el pueblo hablando con el Mamo, sacando algunas fotos en el lugar y con los niños y tuvimos que bajar porque los Carlos, David y Edgar se iban para Palomino, una playa cercana a la sierra.
Para ese momento yo tenía claro que mi objetivo era dormir una noche más en la comunidad.
El sol caía y la lluvia siempre puntual marcaba tarjeta. Decidí ponerme a cocinar ya que Kai y el nuevo grupo estaba en camino y quería tener todo listo para cuando llegaran. Un arroz con verduras salteadas fue el menú del nuevo día. Gustavo y su banda llegaron mojadas al igual que nosotros la noche antes, asique más acostumbrados a la situación les dimos consejos. Se reían después cuando me contaron que creyeron que yo era un Kogui por verme a cargo del fuego y la cena. Llegada la noche eramos ocho dentro de la casa y los espacios se achicaban cada vez más. Colgamos las hamacas y ellos armaron la carpa dentro de la casa y así pasamos la noche.
Y a las 4 am el gallo volvió a marcar el inicio de la jornada. Entre charla y charla me contaron que se iban para Palomino a pasar el día, en tanto yo les conté que necesitaba llegar a Venezuela a marcar frontera.
La sorpresa fue grande cuando decidieron cancelar su viaje y llevarme a mi en sus motos a tramitar mi salida y el nuevo ingreso a Colombia.
Después de bajar en las motos por el camino lleno de barro y de piedras y de caernos dos veces en el barro por suerte sin lesión alguna salvo un espejo de la moto llegamos a Río Ancho.
Cargamos combustible, compramos agua y algo para desayunar y emprendimos el viaje hacia Venezuela.

Con mi mochila en la espalda y la de Gustavo en las piernas, en ojotas y sin casco, a más de 130 KMH salimos por la Troncal del Caribe. Antes de llegar a Río Hacha la policía hace su entrada a escena. Nos paran en un retén, nos piden documentos y descender del vehículo. Con temor a una multa Gustavo se pone nervioso, le pido que ni hable y me hago cargo de la situación.
Empiezo a chamuyar al oficial y el dialogo es más o menos el siguiente:
- Buenas tardes Oficial, Juan Manuel es mi nombre
- Buenas tardes, los documentos por favor, No saben que no pueden andar sin casco?
- Si oficial, me he quedado sin plata y estaba tirando dedo en la ruta ya que necesito llegar a Venezuela para cruzar la frontera porque hoy es el último día que puedo estar en Colombia. Ellos me están dando un aventón pero si usted decide que no podemos seguir me quedaré por acá hasta que algún camión me lleve.
El oficial me mira y me dice, Argentino?
- Si le contesto
- Bueno vayan y tengan cuidado y no vuelvan a salir son cascos.
Gustavo recupera el color en su cara y nosotros seguimos viaje.
Después de parar en Río Hacha a almorzar y cargar combustible emprendemos viaje hacia la frontera.
3 horas después vemos el cartel de ¡Bienvenidos a Maicao! y el festejo se escucha entre las tres motos viajeras. Sólo nos faltan 8 km para llegar a Venezuela...
Papeles van, papeles vienen en el DAS, camino de una estación aduanera a otra. Marco la salida sin problemas, hago la entrada en Venezuela y vuelvo a Colombia para marcar la entrada y acá empiezan los problemas. El poli aduanero no me quiero dejar volver ya que necesito estar fuera del país por 72 hs. para que tenga validez, pero detecto que quiere coimearme, triste de él que se ríe de mi estilo mochilero mientras se consuela con un poco de plata. Benditos y estúpidos perseguidores del vil metal, me terminan sacando un billete pero la felicidad de ver el sello en mi pasaporte no tiene comparación. Me habilita a quedarme 2 meses más en Colombia mientras la Samaria se alegra porque me va a tener entre los suyos de nuevo.
Era eso o dormir 3 días en la frontera, y créanme que nadie quisiera pasar más de media hora en ese lugar.
Hacemos fotos para retratar el momento y emprendemos el regreso hacia Palomino para pasar la noche en la playa.
Me quedo con una imagen, la del cartel de salida a Colombia: "La Frontera sólo existe en el pensamiento de los hombres escasos" Ovidio Mejía Marulanda.

Pienso y digo, podrán sacarme toda la plata, todos los policías del mundo, en todas las fronteras que cruce, pero en mi mente nunca tendré límites, la capacidad de soñar es indestructible cuando se tiene la convicción. A partir del 5 de Julio que soy habitante del mundo y nada ni nadie me dirán por donde puedo pisar y por donde no, porque el suelo no se vende, no se compra y no se negocia.
Sigo uniendo Latinoamérica, sigo caminando firme y con la frente bien alta.

Este viajero que un día pensó que iba a formar su propio camino se dió cuenta que es el camino el que forma al viajero.
Cada día tengo mas convicción en que todo aparece por un motivo, que nuestro camino está marcado para llegar a ese lugar preciso, y las decisiones que tomamos son las que nos acercan o nos desvían de ese objetivo.
Sólo me resta decir que si quieren cambios verdaderos empiecen a caminar distinto....

Abrazo para todos y cada uno
Subansé a la Ola y a Surfearla
Pura Vida

Yuyi - 10 de Noviembre de 2011 - Santa Marta




jueves, 27 de octubre de 2011

Taganga... Vení si querés, Salí si podés...

Llegué a Santa Marta un domingo como a las dos de la tarde. Apenas me baje del bondi busqué los teléfonos de los contactos que me había hecho Isa. Resulto que Juancho no atendía, asique lo llamé a Nano, un nativo de Santa Marta, que es bastante conocido y respeto en el lugar.
Lo primero que me dijo es anda para Taganga, ni lo dudes, me paso algunos contactos, que finalmente no usé, pero igual siempre sirven y partí a tomar la buseta que me subía a Taganga.
Es un lugar inceíble, una bahía rodeada de montañas, el pueblo es muy hippie, muchos artesanos, mucha gente que cayó acá cuando no se había puesto de moda y se quedó para siempre.
Es el caso de Mónica, una Argentina que salió en el 79´ al exilio durante el mandato de Videla.
Hija de una familia aristocrática de Neuquén, con un tío General y otro Coronel, me cuenta que en ese momento estaban viviendo en Olavarría viviendo y después de estar 3 veces presa por pertenecer a un centro de estudiantes, los padres la sacaron en avión para Perú y ahí se quedó sola a los 18 años, viviendo un año en Cuzco. Después pasó por Ecuador y finalmente años después entró en Colombia instalandosé en Taganga. Y dice textual "esto hace 2 décadas era otra cosa, después lo empezaron a descubrir los turistas y todo se fue de las manos".
El se fue de las manos tiene su historia. Ella se instaló en la montaña junto a los indios Kogys, una comunidad indígena que habita la región. Pasó veinte años con ellos, aprendió de ellos, fue maestra, médico y agricultora. conoce la lengua Kogy y la habla perfecto, tuvo sus hijos con los indígenas por parto natural y crió a sus hijos con el amor y la sabiduría que estas comunidades tienen. Pero pasó lo peor, llegó la guerrilla y se instaló en la zona y con ellos los paramilitares, y por lo tanto muchos de los habitantes de la comunidad bajaron a la ciudad en tanto que los indígenas migraron a otra parte de la sierra.
Algunas malas decisiones y otras cosas que ni el destino sabría explicar la llevaron a caer en el basuco (pasta base local), se la nota muy deteriorada, pero lo más lindo que me queda en nuestra charla, nuestra reunión de mate y sus hermosas poesías.
Una mañana me fuí a la playa cerca de las 8 de la mañana a meditar y hacer un poco de yoga, con mi mate bajo el brazo y un buen libro de Saramago, El camino del elefante, después de un par de horas y de nadar un rato me senté a tomar mate y se acerca un chico, John Freddy es el nombre, me pregunta si soy argentino, porque el venía viajando con 3 chicas argentinas y se la pasaban tomando mate, le digo que si y lo invito a sentarse y compartir unos verdes.
La historia es que estuvo viviendo un mes y medio con los indios en el Putumayo, una región en la frontera con Ecuador y Perú, muy cerca del Amazonas, conociendo su cultura y sus formas de vida. Fue ahí donde hizo su primera toma de Yagé, después de muchas charlas con los Taitas (máxima autoridad de la comunidad, el hombre sabio) y con algunos chamanes se decidió a probar medicina.
Su relato me dice fielmente que la planta y su sabiduría lo limpiaron y ayudaron a ver mejor la realidad, su realidad.
Después de 5 o 6 tomas de medicina la planta le habló y sólo le dijo Parque Tayrona, y aunque el estaba a dos horas de cruzar a Ecuador, armó su mochila y se vino para el norte. se cruzó todo el país porque muy en el fondo sabía que quedaba mucho por aprender.
Hoy está en Taganga trabajando con una fundación que brinda ayuda a los indios en la sierra y está esperando la chance para instalarse un tiempo en la sierra nevada.
De regalo me dejó un collar, hecho con un pedazo de madera de una planta de Yagé y atado con hilo de cañamo con la promeza de que me acompañará hasta mi toma de Yagé si alguna vez llega la llamada.

Yo sabía que cuando fuera el momento la sierra también me llamaría cuando tuviese algo para decirme, y así fue que después de hablar horas acerca de la sierra y las comunidades indígenas, sentí una corriente de energía que me corrío por el cuerpo y a no ser porque tenía mis gafas puestas, probablemente se hubiesen visto las lágrimas que se me cayeron. Si me preguntan porque, les digo que no lo sé, pero cuando volví a la casa me encontré con Kai, un chico de Medellín que trabaja llevando gente a la sierra como guía, que me dice que el 1 de noviembre tiene un ascenso con un grupo que viene de Bogotá, si me gustaría ir?. Mi cara en ese momento se transformó y le contesté "es el día de mi cumpleaños y nada me haría más feliz que pasar la noche durmiendo en la comunidad indígena, en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Asique el lunes partimos hacia la montaña, previo paso por la Guajira para comprar caracoles y otras cosas para llevar a la comunidad, ya que ellos lo utilizan tanto para comer como para hacer algunos rituales.
No se lo que me espera, no se porqué siento esa atracción a la montaña, pero como diría Saramago, Siempre acabamos llegando a donde nos esperan.
Las cosas que me vienen pasando, sentir que realmente fluye la buena energía.
Puedo decirles que estoy realmente feliz del viaje que emprendí.
Esta tierra hermosa que es Colombia, que no para de sorprenderme y de darme Puro Amor y Pura Vida.


Abrazos para todos y cada uno
Subanse a la ola y a surfearla
Pura Vida

Yuyi - 27 de Octubre de 2011 - Taganga

jueves, 20 de octubre de 2011

Medellín... Eterna Primavera, Eterna felicidad..

No logro describirlo. Es tan bello este lugar que simplemente no tiene explicación.
Nunca termino de definirme si me gusta más de día, por la tarde o entrada la noche.
Me levanto cuando el sol me acaricia entrando por la ventana y su calor me abraza dandome los buenos días. La ciudad de la eterna primavera siempre inicia el día brillando a puro sol y de por si el buen humor inicia el día con él.
Por las mañanas estaba sólo en la casa, ya que Edwin se iba a trabajar y su primo Kevin al colegio, asique ponía algo de música, que variaba entre Divididos, Las Pelotas, otras veces la carpeta de reggae hace su parte y hasta llego a improvisar con la radio local escuchando salsa y son cubano. Después arranca la preparación del desayuno, cebolla de verdeo, tomates picados, unos huevos con jamón y queso, sal y pimienta y un omelette se pone en marcha, mientras una arepa se calienta en la hornalla de al lado.
Batiendo el café hasta conseguir la espuma deseada, con dos naranjas recién exprimidas, degustando los primeros humos matinales y completando el ritual una buena ducha.
Y les explico porque me cuesta elegir. Salir a la calle a las dos de la tarde puede ser igual o mejor de bueno. Sentarme a leer en un parque o simplemente caminar, recorrer, descubrir, hablar con la gente, como la niña que me regalo una pulcerita para que me proteja en el viaje, como Dani que me regalo el tatuaje que desde acá me acompaña, como los ojos que brillan y alumbran todo aún en las peores oscuridades. El mar se puede llevar el azul pero nunca la esencia.
Por la tardecita siempre (casi siempre) cae una lluvia increible, livianita, de las que se disfrutan, asique camino bajo el chaparrón, algo desprocupado y se siente rico.
Esta ciudad me dió la perspectiva que me faltaba, y me enseño algo de la libertad. Tan lindo y tan sano, entendí que no se necesita nada.
Va cayendo la noche y caminando llego hasta Carlos E. y me siento como en los setenta, reunido con hippies de 40 o 50 años (tal vez más) fumando, contando historias, el tío me canta un tango y me habla del barrio de Manrique, de la gardeliana, de los tiempos mozos. Un artista exhibe su arte mientras un pibe se frita la cabeza metiendosé dos rayas de coca y me explica que sufre de esquizofrenia debido a la cantidad de droga que consume. Me dice que salió de un psiquiatrico la semana pasada. Hijo de un fiscal, lo tenían atado como a un animal, aplicandole varias dosis de drogas tranquilizantes, asumo que ansiolítios o alguna de esas mierdas de diseño que disfrutan transformando a la gente en zombies. Me río cuando me dice que el quiere pactar con el diablo, que se le aparezca y que le deje cien millones de pesos colombianos (cincuenta mil dolares) y que el le promete gastarselo en farra, putas y drogas hasta morirse y me agrega, "pero este hijo de puta no existe, porque sino aparecería ya mismo". Mirándolo fijo le contesté que la vida no es una película, que la vida es otra cosa, que el diablo estaba con él hace rato, vestido de blanco en esa bolsa que llevaba en el bolsillo. Sólo me contestó que le servía para no pensar, se tomó otra raya y se perdió entre la gente.
A la noche me encuentro con Chavela y nos vamos al bar de mincho a tomar una copa de vino, por una cabeza suena de fondo y pienso en la cantidad de bares de tango que hay en esta ciudad. Uno al lado del otro, chiquitos, intimistas. Me imagino el Buenos Aires de otros tiempos, el Abasto, San Telmo, Boedo, tangueros de ley, cabeceando alguna pebeta para robarle unos pasos y tal vez algunos besos.
Escapando por los suburbios del centr nos vamos al Eslabón, que siempre está prendido y la banda suena de lujo como siempre. El de la puerta nos saluda y hace la vista gorda a la hora de cobrarnos la entrada. El lugar es largo y angosto, la banda toca adelante, las mesas a los costados y en el medio la pista de baile. Caminamos hasta el fondo, a la barra y los baños. Las paredes de ladrillo me recuerdan al viejo burgués, al de la calle Marcelo T., la fiesta que hay adentro también.
Banderas de Independiete de Medellín, algunas lamparitas rojas y azules iluminan levemente el ambiente y una bandera del Xeneize completa el decorado. Pienso y digo que trabajaría gratis en este lugar, me siento en el living de casa.
Llevamos los bolsos a la barra y me los recibe un pelilargo que no tiene menos de 55 años, mientras pasa el dueño, 60 años, en cuero, con gafas a lo John Lennon, relajado. Me pregunto que le pasaría por la cabeza a los 20 años. Pensaría llegar de esta forma o habrá querido ser abogado, médico.
Después de bailar dos horas, emprendemos el regreso.
Es contradictorio que me sienta tan tranquilo en una ciudad que parece vivir en estado de ebullición, donde los narcos se pasean por las calles como señores, en sus autos importados junto a sus fulanas de turno plásticas y educadas para atenderlos y de paso salvarse.
Vuelvo a la casa, cocino algo y aprovecho para pensar y escribir un poco.
Estoy perdidamente enamorado de Medellín, de sus callecitas, de su gente, de sus ojos.
Tal vez me siento así porque sé que acá nadie me necesita y eso te libera, te desprende, te hace libre.

En breve me voy a Santa Marta
¿Por qué me voy en general? No lo sé. Tengo dos teorías
1- Porque me estoy aburriendo. (no es el caso)
2- Porque me está gustando demasiado.

El tiempo y la distancia ponen las cosas en el lugar correcto, asique si Medellín es mi lugar o no, me lo dirá el camino.
De lo que estoy seguro es que ya me dió más de lo que podía imaginar.

Abrazos para todos y cada uno
Subansé a la Ola y a surfearla
Pura vida

Yuyi - 20 de Octubre de 2011 (Escrita unos días antes de partir hacia Santa Marta)

lunes, 3 de octubre de 2011

Con el nombre como sello...

Me llamo Juan Manuel Basquez, yuyi, sushi, maiki o chino según mis amistades, Nací el 1 de noviembre de 1982. Hijo de Patricia Alejandra y Alfredo Luis, quienes me enseñaron a caminar con honestidad, fuerza y respeto. Llorón como ella y amante de la cocina como él, aunque nunca tendré su talento.
Hermano de María Agustina, la mujer más hermosa del mundo, a quien amo perdidamente aunque cada día nos digamos menos las cosas. Orgulloso tío de mi princesa Olivia, con su sonrisa que ilumina todo, con quien ya nos encontraremos a su debido tiempo.
Nací en Arrecifes, entre tanos y gallegos. Me acuerdo de cuando era chico, el gallinero en el fondo del patio, los perros, la higuera, la planta de moras en el alambre que limita la casa de Doña Josefina. De las noches en casa de la abuela Josefa comiendo milanesas con papas fritas y huevo frito, siempre con coca cola esperandomé en la heladera. La joyita de la abuela me decía, vá, me dice. Me acuerdo de afanarle limones al viejo Bertini y después vender la limonada, de los sábados y los partidos de basquet.
Una vez Héctor me preguntó que significaba ser amigo de mis amigos y no supe que contestarle. Con el tiempo aprendí a sacar mi propia conclusión. Aprendí a elegirlos y aceptarlos tal cual son, a entenderlos y respetarlos.
A mi poyito por enseñarme que para ser hombre se necesita algo más que un pito, al vasquito porque nunca tiene un No como respuesta, a Willy que me enseño que las cosas materiales son sólo cosas materiales, a Dami por estar cuando nadie estuvo, a Mati por abrirme las puertas de su casa y de su corazón, a Pepi porque es Pepi, porque es un Gentleman, porque lo admiro y respeto. A mis amigas, a Lis que la quiero con locura y mi hermana menor, con la oreja siempre lista, a Pau que no me alcanzan los perdones que le debo y sin embargo me sigue soportando, a Manu por su amor, a Marce por su sabiduría, a Laurita mi doctora preferida, mi compañera de estudio (que feliz me puso saber que ya sos la doctora Laura) a barbi, mi rubia hermosa, por hacerme creer y soñar.
A punto de llegar a mis 29 abriles o noviembres, la vida me ha demostrado que siempre fuí alguien horrible, un egoísta que creía que el mundo giraba alrededor de mi ombligo, pensando que mis verdades eran más válidas que las del resto o sintiendo que me las sabía todas.
Duele encontrarse con uno mismo, aunque mirar para adentro siempre permite crecer, sanar y evolucionar.
Sábato dice que una persona es algo más que su estatura, el color de ojos o la edad. Hay algo más intrínseco, de índole espiritual, los recuerdos, los sentimientos y las ideas. Plantea que es un despropósito tener nombre, porque es como un sello que después no podré quitarme, aunque cambie de ideas, de sentimientos o de formas de actuar, siempre me voy a llamar Juan Manuel Basquez.
De a poco voy disgregando mi Yo interior y todo mi entorno y mis contextos van cambiando.
No se si me siento el Juan Basquez del que me acuerdo, pero la mochila la sigo cargando. Ahora que no necesito mas máscaras, ni la de hijo, ni la de novio, ni la de barman o consultor en una empresa, nadie me observo, ni me controla, ni me exige, ahora que voy tratando de ser yo conmigo mismo.
Voy renaciendo, aprendiendo.
Necesitaba descargarme, sentirme más cerca de los que alguna vez pensaron que yo era un imbécil, probablemente tenían razón. De los que puedo haber decepcionado o lastimado, de los que esperaban algo de mí, perdón por no cubrir sus expectativas.

Abrazos para todos y cada uno
Subansé a la Ola y a surfearla
Pura Vida

Yuyi - 3 de Octubre de 2011 - Medellín


martes, 20 de septiembre de 2011

Medellín, reconciliación y después...

Empezamos como raros, mirándonos de costado.
Pasaron 12 días  y lo único que tenía en la cabeza era la idea que entre Medellín y quien suscribe no había piel, no había feeling. Al margen de la amabilidad de la gente y la belleza de la ciudad yo me sentía incómodo, como quién supone que está caminando por la vereda incorrecta.
Empecé a trabajar en un bar que no me gustaba mucho asíque decidí dejar de trabajar ahí, Por Qué? Simplemente porque la confianza que estoy teniendo en mí mismo me hacía creer en que iba a conseguir otro, asique sólo tuve que salir a patear la calle de nuevo, bar por bar, hablando con la gente hasta alguien me invitara a trabajar en local. Al octavo bar recorrido me cruzo con Julio, administrador de T bar, quién me dice que necesita un barman que el viernes me toma una prueba. Contento con la noticia, me voy al famoso Carlos E. Restrepo, barrio de la ciudad en donde se juntan los hippies, rastas, artistas callejeros a compartir un buen rato antes de volver a sus hogares.
Habíamos conocido a Isabel el martes anterior en el eslabón prendido y habíamos quedado en volver a hablar porque quería llevarme a conocer un bar de tango en una de las zonas más tangueras de Medellín, el barrio Manrique.
Al martes siguiente la llamo para organizar y me dice que nos vemos en la plaza del Carlos E.,
Llego como a las 18.30 y aprovecho para saludar a Pablo, el argentino de Hurlingham que tiene el resto a la vuelta, hacemos unos mates y a las 7 me encuentro con Isa.
Me presenta a su gente, formamos una ronda y nos ponemos a charlar mientras Pablo se encarga del armado. Después de algunas cervezas me invitan a irnos para El Eslabón de nuevo a seguir tomando unas chelas y bailar un poco de salsa y son cubano.
Se va pasando la noche y el cuerpo empieza a sentir los efectos y el desgaste de un día agitado, entonces me dispongo a irme a dormir con la promesa de regresar al día siguiente al parque para una bicicleteada por la ciudad.
Bajo el lema más amor y menos motor una banda de 200 bicicletas más o menos nos preparamos para recorrer los barrios de la ciudad en bici.
Tenemos tiempo para un rato, asique nos sentamos a tomar una cerveza en el pasto, mientras me pongo a charlar con Daniel. Me pregunta por mi historia, por mi viaje y empieza a contarme que volvió hace 20 días de viajar por Colombia en bicicleta, que es tatuador y que piensa instalarse un tiempo en Medellín en casa de su familia antes de arrancar para algún lado de nuevo. Los dos nos sentimos identificados y la buena vibra se siente en el aire. Dani me dice que le gustaría tatuarme algo para que me acompañe en este viaje y yo no encuentro motivo para negarme. Quedamos en encontrarnos al otro día en el metro para ir juntos a su casa para realizarlo.
Empieza la ciclada, recorremos la ciudad, los autos tocando bocinas, la gente con sombreros, silbatos, cantando más amor y menos motor. La experiencia es alucinante, la energía que se siente, la buena vibra en el aire es una locura, 200 bicis rodando juntas, por donde sea, es lo que menos importa, mientras sigo documentando todo con la cámara, filmando y sacando fotos a todo lo que puedo, sintiéndome parte de un grupo de limados, de idealistas que sueñan con vivir mejor, en paz, con respeto y amor hacia los demás formando una unidad inquebrantable.
Está por terminar la vuelta y la gente se empieza a dispersar mientras mis cuadriceps se están prendiendo fuego literalmente. No aguanto más y necesito parar a elongar antes de acalambrarme.
Por fin llegamos a Carlos E. y me quiero matar de sólo pensar que tengo que volver en bici hasta lo Edwin.
Nos tiramos en el pasto a tomar algo mientras los músculos tratan de relajarse. Confirmamos el tatuaje para el próximo día mientras Isa pide permiso para asistir al evente ya que nunca vió a nadie hacerse un tatuaje y obviamente su presencia siempre es bien recibida.
Llego a la Estación tricentenario del metro y Dani no aparece por ningún lado. Lo habían llamado para hacer un tatuaje y como no tenía mi fono (que no tengo) no pudo avisarme pero le digo que tranquilo, me siento a leer en un banco mientras espero que aparezca por ahí. Cómo a las 5 alguien grita "Perro Argentino", me doy vuelta y lo veo a Dani bajando de su cicla. Nos saludamos y empezamos a caminar para su casa.
Llegamos a un barrio muy lindo, humilde, la gente en la calle, en las veredas sentados, tomando cerveza, mirando de costado al extranjero que viene caminando. Llegamos a la casa y mientras prendía una vela nos pusimos a charlar de la vida, de sus cosas, de como los caminos van abriéndose cuando uno realmente los desea. me metí a internet para mostrarle lo que quería tatuarme mientras el va sacando la idea y el diseño.
PAZ AMOR UNIDAD & RESPETO era el mensaje que me había dejado la noche anterior y era el tatuaje que quería hacerme antes de salir de Buenos Aires. Quiere agregarle una Flor de loto y a mi me gustó la idea.
Estabamos por empezar cuando llamo Isabel que estaba con José en el metro. Paramos las rotativas y nos fuimos hasta la estación a buscarlos.
Ya instalados de nuevo, tomando unas cervezas, se empieza a gestar mi primer tatuaje viajero.
2 horas después el mensaje y la energía queda sellada en mi piel, Dani me agradece por permitirle tatuarme, yo devuelvo la pared diciendo que su arte viaja conmigo de ahora en adelante al igual que su amistad.

De vuelta en casa de Edwin pensaba en los pequeños momentos, en los buenos y pequeños momentos que hacen diferente la vida. Ir conociendo gente, aprendiendo de todos y cada uno.
Cuando nos fuimos Isa me contó que Dani se había hecho famoso unos meses atrás cuando participó de un reality (expedición Robinson). Me pareció un gesto tan bobo pero a la vez tan representativo que no me contara nada. La humildad y la sencillez de este pibe me enseñaron. Hablar menos y hacer más. No importa quién sos o qué tenés, a la larga lo único importante es ser.

Después de 78 días nos reconciliamos, Medallo va dejándose querer y yo le voy soltando la mano a Bogotá, aunque siempre seguirá en mi alma y en mi corazón.

Sigo buscando, sigo viajando y sigo aprendiendo.
Como dicen Los Pericos:


Sin cadenas sobre los pies
me puse a andar
hace tiempo quise encontrar
el camino
Nada escapa, nada muere,
nadie olvida, eso lo sé. 



En busca de historias felices
Felices serán el día en que pisen firme.
 


Abrazos para todos y cada uno
Subansé a la Ola y a surfearla...
Pura Vida

Yuyi - 20 de setiembre de 2011