Me imagino que todas las despedidas van a ser especiales y dificiles, que en cada lugar sembraré nuevos amigos, nuevas historias, cosas de las que sólo se llevan en el recuerdo y en el corazón.
Me imagino la historia de alguien al final del camino recordando y eligiendo los momentos donde fue realmente feliz y seguramente Bogotá se va a llevar un capítulo importante sin dudas.
Porque me alojó, porque me adoptó, porque es lindo y llena el alma cuando a uno lo invitan a quedarse, y te dicen "A dónde te vas a ir? Quedate acá!!. Y aunque se que tengo que seguir camino porque todavía ni empecé a encontrar eso que fui a buscar, me cuesta arrancar para la ruta.
El martes hice despedida con mis compañeros de trabajo, la historia era que ellos me querías invitar a mí a tomar algo y hacer una salida. Yo les dije que aceptaba con la condición que me llevaran a un lugar donde ellos sintieran como su casa, no importaba si era a tomar a una plaza, al bar del barrio o a la parada de los pibes en una esquina cualquiera.
Los pasé a buscar a las 4 de la tarde, nos subimos a un taxi con Henry, Jaime, y Ana y nos fuimos para La Florida. Un barrio alejado del centro de Bogotá que podría ser Pompeya o Constitución tranquilamente.
Llegamos como a las 6 porque el tránsito estaba imposible, con el estómago vacío y algo de sed. 4 cervezas y un cartón de aguardiente como para ir acomodandosé.
El lugar era como un club de barrio pero chiquito, imaginatelo como el buffet del club mejor dicho. 2 mesas de billar, 1 de pool, una rockola y un Sapo forman parte de las actividades principales. Las mesas y las sillas de diferentes tamaños y colores completan el mobiliario.
Yo empecé con cerveza, Henry, Jaimito y Ana con aguardiente más cerveza por supuesto. De a poco empezaron a convencerme con un poco de aguardiente. Nos dividimos en grupos y empezamos los desafíos al Sapo. 3 por equipo, el que gana se salva de pagar la ronda. Después de haber ganado ampliamente todas las vueltas nos damos cuenta que nos movieron el tanteador, nos matamos todos de risa mientras se busca a los culpables.
Desde la rockola siguen haciendo lo posible para que me sienta como en casa. El dueño del lugar me dice que los créditos corren por cuenta del bar mientras pone Calaveras y Diablitos de los Cadillacs. Gente que no de Todos tus muertos lo sigue y aparece Charly Demoliendo hoteles. Nada podría estar mejor y sin embargo en el medio de un partido de pool aparece una señora mayor. Traía una canasta de mimbre aunque eso poco importaba. Lo que importaba era lo de adentro, empanadas de carne con papa. Con la borrachera y el bajón me podrían haber dicho que tenían secuestrado a Francis Malmann cocinando para mí y sólo hubiese pensado que con razón estaban tan buenas.
Volvimos como a las 11 de la noche, borrachos como si fueran las 5 de la mañana, la amabilidad con que me trataron. El respeto con el cuál decidieron despedirme, sus palabras como compañeros, como personas con las que me cruzo en la vida.
Pocas veces me he sentido tan querido y respetado como en Bogotá y como dice Tato, estaré en muchos lugares pero no se si me van a tratar como acá.
El miércoles me levanto y me dedico a ser turista. Bajamos al mediodía en el Museo Nacional, recorremos un poco. La realidad es que parece más un museo de historia que de arte. }
Mucho retrato de los oligarcas de la época, muchas pinturas e instrumentos militares. Algunas cosas dedicadas a Bolivar y a la época revolucionaria. Después lo de siempre, la primera radio, el primer tv, el primer discurso presidencial y así sucesivamente. De arte poco, algo de Botero, 3 obras de Obregón y no mucho más.
Salimos de ahí y nos fuimos a almorzar previa pasada por la Plaza de Toros. Paramos en un lugar que se llama El boliche, especialidad en milanesas y pastas y una atención de lujo. La camarera, una hippie, rapada a los costados y de un lado el corte de pelo le dibujaba en corazón. El dueño, un gordito con cara de simpaticón. Llegamos pedimos milanesas y unos fideos con salsa 4 quesos para mí, con salsa de Langostinos para Anita. Salimos a fumar mientras esperamos las milangas, un abreapetito nunca está de más.
Terminamos de comer, la camarera me reta porque no me comí todas mis verduras, pero no puedo decir que no a un Tiramisú con un Té con Limón.
No me podía ni moverme pero el museo Botero estaba a la espera.
La voy a hacer corta para no aburrirlos, me parece muy buena la colección que tiene el Museo Botero, algo de Dalí, Klimt, Degas, Picasso por nombrar algunos, sumado a la colección de Botero y otros artistas latinoamericanos no se ven todos los días y aunque no se nada de arte ni de pintura ni de escultura, tengo la suerte de poder disfrutar de eso. Mirar una pintura o cualquier obra de arte y poder dicernir si te gusta o no, si te transmite algo o no, eso también es disfrutar del arte, sin necesidad de saber con que técnica lo hizo o sobre que material está impreso.
Después de discutir sobre el sentido del arte y la cultura, le planteo a Ana mi postura acerca de que el arte siempre tiene que ser la cara opuesta a la sociedad. Me gusta pensar el arte como a una disciplina con sentido crítico, donde la gente pueda reflejarse en eso, poder sentirse representado, que el arte sea la voz de los que no tienen voz.
Al menos es el arte que me gusta a mí, el que puede formar conciencia, el que puede expresar lo que me gustaría y no puedo.
De a poco me voy acomodando a esta idea que me ronda en la cabeza acerca de que vivir es un arte. Y donde cualquiera puede elegir todos los días como quiere vivir. Y voy buscando, y me voy amoldando a esta vida, disfrutando de las pequeñas cosas, caminando en la vereda de enfrente de los que dicen como hay que vivir, tratando de inspirar y contagiar a otros, mostrando que siempre se puede vivir de otra manera.
Abrazo para todos y cada uno.
Subansé a la Ola y a Surfearla.
Pura vida
Yuyi - 25 de Agosto de 2011
Pd: Las tumbas son para los muertos, las flores para sentirse bien....
jueves, 25 de agosto de 2011
miércoles, 17 de agosto de 2011
Ser Nómade en Bogotá... Aprendiendo a Ser
A veces me resulta indescifrable Bogotá. Tiene esa mezcla rara de tranquilidad y punto de ebullición, nunca me queda claro si en cualquier momento puede pasar algo o si se mantendrá invariable durante horas y horas.
Cuando llegué me pareció una ciudad muy tranquila, con gente amable y predispuesta con el turista. A medida que fui conociendo más y más me empecé a cruzar con historias contradictorias.
Camino por la calle, veo al pibe de 8 años aspirando poxi, al borracho de turno en la esquina, la señora cruzando la avenida con el cochecito del bebé, un militar parado en cada esquina ametralladora en mano. Podría ser Kabul o La Cumbrecita.
Carteles de propaganda militar habitan las calles, hablando de ética, respeto y responsabilidad moral. Debo confesar lo chocante que me parece caminar por la calle y que un tipo vestido de verde con una ametralladora en la mano tenga la posibilidad de arrancarme la vida.
Siempre que pienso en la soledad se me viene a la cabeza una idea. Pienso cual será la sensación de un indigente, de cualquier persona que quedó a la vera del camino de este sistema, que no tiene nada más que un banco de plaza y algún perro que le ladre.
Trato de ponerme en su lugar, tratar de entender. Que le pasará por dentro a la hora que la ciudad se apaga. Cuándo la gente sale de los trabajos, el sol se esconde, la ciudad empieza a silenciarse. Con suerte durante el día hice algunas monedas para morfar algo y tomarse el resto, tratando de no pensar, de no sentir.
Una camioneta BMW pasa por delante mío, no estoy seguro que entienda la realidad que se vive por fuera de su burbuja de cristal polarizada. Pero pienso cuán distinta es su propia realidad a la de mi vagabundo amigo.
Cuanta gente conocí que arrancaba a las 7 am y llegaba a la casa a las 9 de la noche. Cansado, podrido de tanto día de trabajo. Con ganas de una ducha, un plato de comida y de desmayarse en la cama. Cerrar los ojos y tratar de no pensar. De no escuchar. No importa si quien habla es un hijo, una esposa. Sólo necesita silencio. No se sentirá igual de solitario? A pesar de su BM, de su plasma o su casa en barrio privado.
Muchas me advertían cuando llegué que tuviese cuidado con los taxis, con los grupos en las plazas, pero siempre me parecía una boludez. Las primeras semanas seguía con la cabeza en Buenos Aires y pensaba que si en Buenos Aires no me había pasado nada como me iba a pasar justo acá.
Algunas veces me volví caminando de madrugada hasta el hostal y me lo recriminaron varios.
Una mañana me despierto como a las 6 am y lo veo entrar a Stephan, un alemán buena onda y drogadicto. Lo despiertan a Martin, mi amigo suizo, otro personaje que merece un capítulo aparte. También está William, el recepcionista del hostal del turno noche.
En el segundo flash lo veo a Martin cambiarse y salir del cuarto. Sin entender mucho que pasa me vuelvo a dormir.
A la mañana siguiente me entero que agarraron a Stephan a la salida de un bar donde las niñas bailan y juegan a ser Barbie Superstar. Lo marcaron, lo esperaron entre 4. Una patada en las costillas antes que pueda enterarse que alguien le quería robar, lo desestabiliza, cae en la vereda y empiezan a patearlo. Le sacan la billetera, las tarjetas, le pegan una puñalada en la pierna y se pierden por una sucia y oscura calle de los suburbios.
Cuando a la mañana siguiente lo encuentro estaba con el jean tapado de sangre, borracho, con las pupilas dilatadas y matándose de risa mientras les mostraba, al resto de la banda, su video en el hospital, de cuando le cocían la pierna.
Yo no vine a ser padre a este viaje, pero me pareció importante decirle que pensaba. Que su familia esta lejos, que no hay que dar papaya (termino utilizado para decir que te robaron por boludo más o menos). Poco le habrá importado, pero yo aprendí la lección. A cuidarme más, a confiarme menos.
Cómo cada uno de los animales de la selva. Cada uno desarrollando la habilidad para sobrevivir en la jungla. En la verde o en la de cemento. En un coche importado o durmiendo en un cartón.
Yo me voy adaptando a la vida nómade, caminando por la sombra, adaptando mis instintos, evolucionando lo que mejor se hacer y mejorando lo que me cuesta más. Aprendiendo a ser más tolerante, a ser más paciente, más constante.
En definitiva yo estoy aprendiendo a ser.
Y me pongo de pie por los que luchan por ser y por los que luchan porque otros también puedan ser.
Pienso en Mati y el Poyo desde su lugar de comunicadores y militantes.
Pienso en Franquito y Rosina y su constante lucha porque todos tengan un techo, tan utópico como realizable.
Pienso en la cantidad de extranjeros que voy conociendo en el viaje. Que vienen a trabajar en escuelas, en villas, en lo que se necesite.
Sin dudas el futuro está en la militancia, en la defensa de las ideas y de los derechos.
No hay más futuro que el presente, el hoy es lo que marcará la diferencia mañana. Cómo actúe cada uno, con huevos y con conciencia es lo que hará del mañana un lugar mejor.
Queda mucho por hacer, pero también es cierto que queda mucha gente por sumarse.
Abrazo para todos y cada uno.
Subansé a la Ola y a Surfearla.
Pura vida
Yuyi - 17 de agosto de 2011
Cuando llegué me pareció una ciudad muy tranquila, con gente amable y predispuesta con el turista. A medida que fui conociendo más y más me empecé a cruzar con historias contradictorias.
Camino por la calle, veo al pibe de 8 años aspirando poxi, al borracho de turno en la esquina, la señora cruzando la avenida con el cochecito del bebé, un militar parado en cada esquina ametralladora en mano. Podría ser Kabul o La Cumbrecita.
Carteles de propaganda militar habitan las calles, hablando de ética, respeto y responsabilidad moral. Debo confesar lo chocante que me parece caminar por la calle y que un tipo vestido de verde con una ametralladora en la mano tenga la posibilidad de arrancarme la vida.
Siempre que pienso en la soledad se me viene a la cabeza una idea. Pienso cual será la sensación de un indigente, de cualquier persona que quedó a la vera del camino de este sistema, que no tiene nada más que un banco de plaza y algún perro que le ladre.
Trato de ponerme en su lugar, tratar de entender. Que le pasará por dentro a la hora que la ciudad se apaga. Cuándo la gente sale de los trabajos, el sol se esconde, la ciudad empieza a silenciarse. Con suerte durante el día hice algunas monedas para morfar algo y tomarse el resto, tratando de no pensar, de no sentir.
Una camioneta BMW pasa por delante mío, no estoy seguro que entienda la realidad que se vive por fuera de su burbuja de cristal polarizada. Pero pienso cuán distinta es su propia realidad a la de mi vagabundo amigo.
Cuanta gente conocí que arrancaba a las 7 am y llegaba a la casa a las 9 de la noche. Cansado, podrido de tanto día de trabajo. Con ganas de una ducha, un plato de comida y de desmayarse en la cama. Cerrar los ojos y tratar de no pensar. De no escuchar. No importa si quien habla es un hijo, una esposa. Sólo necesita silencio. No se sentirá igual de solitario? A pesar de su BM, de su plasma o su casa en barrio privado.
Muchas me advertían cuando llegué que tuviese cuidado con los taxis, con los grupos en las plazas, pero siempre me parecía una boludez. Las primeras semanas seguía con la cabeza en Buenos Aires y pensaba que si en Buenos Aires no me había pasado nada como me iba a pasar justo acá.
Algunas veces me volví caminando de madrugada hasta el hostal y me lo recriminaron varios.
Una mañana me despierto como a las 6 am y lo veo entrar a Stephan, un alemán buena onda y drogadicto. Lo despiertan a Martin, mi amigo suizo, otro personaje que merece un capítulo aparte. También está William, el recepcionista del hostal del turno noche.
En el segundo flash lo veo a Martin cambiarse y salir del cuarto. Sin entender mucho que pasa me vuelvo a dormir.
A la mañana siguiente me entero que agarraron a Stephan a la salida de un bar donde las niñas bailan y juegan a ser Barbie Superstar. Lo marcaron, lo esperaron entre 4. Una patada en las costillas antes que pueda enterarse que alguien le quería robar, lo desestabiliza, cae en la vereda y empiezan a patearlo. Le sacan la billetera, las tarjetas, le pegan una puñalada en la pierna y se pierden por una sucia y oscura calle de los suburbios.
Cuando a la mañana siguiente lo encuentro estaba con el jean tapado de sangre, borracho, con las pupilas dilatadas y matándose de risa mientras les mostraba, al resto de la banda, su video en el hospital, de cuando le cocían la pierna.
Yo no vine a ser padre a este viaje, pero me pareció importante decirle que pensaba. Que su familia esta lejos, que no hay que dar papaya (termino utilizado para decir que te robaron por boludo más o menos). Poco le habrá importado, pero yo aprendí la lección. A cuidarme más, a confiarme menos.
Cómo cada uno de los animales de la selva. Cada uno desarrollando la habilidad para sobrevivir en la jungla. En la verde o en la de cemento. En un coche importado o durmiendo en un cartón.
Yo me voy adaptando a la vida nómade, caminando por la sombra, adaptando mis instintos, evolucionando lo que mejor se hacer y mejorando lo que me cuesta más. Aprendiendo a ser más tolerante, a ser más paciente, más constante.
En definitiva yo estoy aprendiendo a ser.
Y me pongo de pie por los que luchan por ser y por los que luchan porque otros también puedan ser.
Pienso en Mati y el Poyo desde su lugar de comunicadores y militantes.
Pienso en Franquito y Rosina y su constante lucha porque todos tengan un techo, tan utópico como realizable.
Pienso en la cantidad de extranjeros que voy conociendo en el viaje. Que vienen a trabajar en escuelas, en villas, en lo que se necesite.
Sin dudas el futuro está en la militancia, en la defensa de las ideas y de los derechos.
No hay más futuro que el presente, el hoy es lo que marcará la diferencia mañana. Cómo actúe cada uno, con huevos y con conciencia es lo que hará del mañana un lugar mejor.
Queda mucho por hacer, pero también es cierto que queda mucha gente por sumarse.
Abrazo para todos y cada uno.
Subansé a la Ola y a Surfearla.
Pura vida
Yuyi - 17 de agosto de 2011
viernes, 12 de agosto de 2011
39 días de viajero... Lo bueno de ser un Yuyo....
La sensación... sin dudas es la sensación de que nada malo puede pasar lo que me tiene tan en paz. Siempre siento cuando viajo, que no hay motivo para ver el lado negativo a ninguna situación.
39 días han pasado desde la partida de mi querido y tóxico Buenos Aires. Una vez charlando con Franquito Perrone me dí cuenta de que podía hacer este viaje. Le contaba de mis miedos con respecto al viaje. Cuando termine de hablar, solamente dijo una frase, y cito textual: "Lo bueno de ser un yuyo es que crece en cualquier parte".
Creo que de a poco me voy acomodando en esta versión relajada de la vida. Salir del tedio de la rutina, de esa forma de vivir tan destructora, tan consumista, donde la misma competencia y el desgaste llevan a ser cada día mas mezquinos, cada día más individualistas, cada día menos solidario. Salgan de su casa, apaguen la tele y vean lo que pasa.
Aprendí que las mejores historias son las que no se esperan y por eso opté por la posibilidad de no decir que no a ninguna invitación. Visitar lugares, ir a conocer a alguien, salir a cenar o incluso ir a bailar salsa...
Miércoles 10 de Agosto, me levanto, preparo desayuno, y me pongo a charlar con Ana. Le cuento que no tengo que trabajar a la noche asique podemos cumplir con la promesa de ir a bailar salsa.
Ana es enferma del son cubano y la salsa, tanto o más que yo por el reggae, sumado a que durante muchisimos años estudió danza clásica. Entenderán que, conociendo estas historias me veía en serios problemas.
Y la noche arranca cuando todavía era la tarde, porque a las 4 pm estaba con un tetra brik de ron Viejo de Caldas, si, si, ron en tetra. Empezamos a preparar cuba libre mientras disputábamos con Pablo, el hijo de Ana, unos increíbles partidos de fútbol en la Play. Vos con Colombia, yo con Argentina, el escenario estaba planteado. Se hacen las 20 hs, con 4 cubas en el alma, me dispongo a la ducha y a preparar la salida.
Casi listos, y sólo restando armar la artillería para una noche que parece va a ser larga, hablamos con una amiga de Anita y nos dice que están yendo con un grupo a un antro en una zona baja de Bogotá.
Con las balas en la cartuchera y toda la vibra positiva, llamamos el taxi, 15 minutos después, estamos en marcha.
Llegamos al lugar, se llama "EL TITICÓ". Por fuera me da la sensación de teatro viejo, de los de película yankee. Adentro puedo afirmar que era un cabaret de los años 80. Sillones de cuero rojo, mesas con espejo, espejo en las paredes, bolas de espejos y muuuuuchaas luces de colores.
La cuestión que los sillones están puestos en círculos y en el medio la pista. Había 5 o 6 islas iguales, con algún que otro caño en el medio para que bailen las chicas.
Me sentía Johnny Deep en "Pánico y Locura en Las Vegas", faltaba Moria, el negro Olmedo y el facha Martel y estábamos todos.
Y ahí entendí porque los caribeños son tan felices, aún cuando no tienen nada, sigue sin importarles. Viven a otro ritmo, juegan a otra cosa. Tienen el son cubano y la salsa y el merengue y el boogaloo.
2 caladas, 1 mojito y a la pista. Suena el Joe Arroyo, Cheo Feliciano, Willie Colon, Gilberto Santarosa entre otros.
Empieza la clase de baile, 3 datos básicos para bailar salsa:
39 días han pasado desde la partida de mi querido y tóxico Buenos Aires. Una vez charlando con Franquito Perrone me dí cuenta de que podía hacer este viaje. Le contaba de mis miedos con respecto al viaje. Cuando termine de hablar, solamente dijo una frase, y cito textual: "Lo bueno de ser un yuyo es que crece en cualquier parte".
Creo que de a poco me voy acomodando en esta versión relajada de la vida. Salir del tedio de la rutina, de esa forma de vivir tan destructora, tan consumista, donde la misma competencia y el desgaste llevan a ser cada día mas mezquinos, cada día más individualistas, cada día menos solidario. Salgan de su casa, apaguen la tele y vean lo que pasa.
Aprendí que las mejores historias son las que no se esperan y por eso opté por la posibilidad de no decir que no a ninguna invitación. Visitar lugares, ir a conocer a alguien, salir a cenar o incluso ir a bailar salsa...
Miércoles 10 de Agosto, me levanto, preparo desayuno, y me pongo a charlar con Ana. Le cuento que no tengo que trabajar a la noche asique podemos cumplir con la promesa de ir a bailar salsa.
Ana es enferma del son cubano y la salsa, tanto o más que yo por el reggae, sumado a que durante muchisimos años estudió danza clásica. Entenderán que, conociendo estas historias me veía en serios problemas.
Y la noche arranca cuando todavía era la tarde, porque a las 4 pm estaba con un tetra brik de ron Viejo de Caldas, si, si, ron en tetra. Empezamos a preparar cuba libre mientras disputábamos con Pablo, el hijo de Ana, unos increíbles partidos de fútbol en la Play. Vos con Colombia, yo con Argentina, el escenario estaba planteado. Se hacen las 20 hs, con 4 cubas en el alma, me dispongo a la ducha y a preparar la salida.
Casi listos, y sólo restando armar la artillería para una noche que parece va a ser larga, hablamos con una amiga de Anita y nos dice que están yendo con un grupo a un antro en una zona baja de Bogotá.
Con las balas en la cartuchera y toda la vibra positiva, llamamos el taxi, 15 minutos después, estamos en marcha.
Llegamos al lugar, se llama "EL TITICÓ". Por fuera me da la sensación de teatro viejo, de los de película yankee. Adentro puedo afirmar que era un cabaret de los años 80. Sillones de cuero rojo, mesas con espejo, espejo en las paredes, bolas de espejos y muuuuuchaas luces de colores.
La cuestión que los sillones están puestos en círculos y en el medio la pista. Había 5 o 6 islas iguales, con algún que otro caño en el medio para que bailen las chicas.
Me sentía Johnny Deep en "Pánico y Locura en Las Vegas", faltaba Moria, el negro Olmedo y el facha Martel y estábamos todos.
Y ahí entendí porque los caribeños son tan felices, aún cuando no tienen nada, sigue sin importarles. Viven a otro ritmo, juegan a otra cosa. Tienen el son cubano y la salsa y el merengue y el boogaloo.
2 caladas, 1 mojito y a la pista. Suena el Joe Arroyo, Cheo Feliciano, Willie Colon, Gilberto Santarosa entre otros.
Empieza la clase de baile, 3 datos básicos para bailar salsa:
- Los pies pegaditos al piso
- El ritmo está en las rodillas.
- La espalda derecha.
Yo se que soy pata dura, ella elogia mi forma de bailar diciendome que tengo paso de negro. Me convenzo de creerle y seguimos durante 3 horas, varios mojitos y algunas salidas a respirar humo.
Eramos 8 en todo el lugar y puedo afirmar que fue una de las mejores experiencias de mi vida, el lugar se caía a pedazos pero la energía era "Super Chevere"...
Volvemos bastante ebrios, le agradezco su invitación entendiendo que, de otro modo nunca hubiese ido a ese lugar y mucho menos a bailar salsa.
Debo reconocer que me estoy haciendo amante de lo imprevisto, de lo inesperado. El único plan es que no tengo plan, confiar en mi intuición, sentir la vibración del momento.
Quedan 15 días en Bogotá, no se que pasará en el próximo destino pero puedo afirmar que me va a costar mucho encontrar lugares que me traten como acá....
Me prometo volver... Tantas veces como pueda...
Colombia tiene ese no se qué
Tiene Sasón, tiene sabor, tiene calor
Abrazo para todos y cada uno...
Subansé a la Ola y a Surfearla...
Pura Vida para todos..
Yuyi
lunes, 1 de agosto de 2011
El camino a La Laguna...
Pienso en todas las personas, todos mis amigos, los que me dicen que no pueden, que no se puede... Cada vez que camino y empiezo a conocer lugares, conocer gente, y cuando el juego se comienza a abrir y veo que las cosas van fluyendo me pregunto que nos lleva a cada uno, por momentos, a sentir que no se puede... Qué esperas? Que Disney invente un nuevo super héroe que te saque del lugar donde estás.
Me estoy dando muestra a mi mismo que si se puede. Que se puede elegir como vivir, como sentir, como caminar.
La historia del viaje a la montaña arrancó la noche que conocí a Ana María y a Tata, hermana del dueño de La Cubanita...
Nos fuimos de rumba y de ahí a desayunar, ya con algunas copas de más en sangre me empezaron a hablar de Villa de Leyva, un pueblo en la montaña a 3 horas de Bogotá.
Resulta que los hermanos de Ana, 2 de ellos, viven ahí con sus mujeres.
Un domingo después de trabajar partimos hacia Villa de Leyva... Sin mucha claridad en el porqué estaba en ese auto, porque camino a ese pueblo... Por Qué?...
Llegamos y nos estaban esperando Pacho y Natalia en su casa del pueblo, de esas que todos queremos tener. Se hace de noche y abrimos una botella de vino tinto, mientras ayudo a Pacho a encender la fogata. La noche está alegremente despejada y el viento mecia unas cañas de bambú para que la paz sea extrema...
Para ponerlos en clima les diría que podrías ser un pueblito en Jujuy, en Salta o tal vez Merlo en San Luis.
Nos ponemos a hablar de esoterismo o otras yerbas, les cuento de la nena del depto de Cabrera, me cuentan alguna que otra historia de por acá hasta que llegamos a una historia puntual. Les conté que a principio de año, estabamos en Lacroze y yo me sentía afiebrado, cuando sentí que algo me pisaba el pecho, poniendome contra la cama y no me dejaba levantarme. Era la cara de un hombre y realmente no me dejaba mover. Según Natalia, la mujer de Pacho, la creencia indígena dice que eso es un brujo, que llega hasta donde estás por un motivo puntual. Creer o reventar. La cuestión es que terminamos hablando de una persona, su sobrenombre es Charry. El tipo tiene un observatorio astrológico. A la mañana siguiente nos levantamos y partimos a nuestro encuentro en el medio de la montaña a unos 20 o 30 Km. Me hizo la carta natal y astral, me habló mucho de cosas que sólo yo podía pensar, de mis viajes, de mi momento para curarme y sanarme, perdonar sin rencor y sin memoria. Me dijo algo tan lindo como.."El pasado no existe, porque es Pasado, el futuro tampoco porque es impredecible, El Presente es Ya, es hora de despertarse..."
No les miento si les digo que me fui shockeado como mínimo. Es raro cuando alguien que no te conoce te diga quién sos y qué buscas. Más raro suena cuando estabamos terminando la sesión y mientras me mira a los ojos me dice: "Deja que Fluya".
Villa de Leyva se empezaba a hacer más claro en mi cabeza. Ya empezaba a sospechar porque tenía que empezar por Bogotá. Como si las piezas se fueran acomodando. Le decía a Anita todo el tiempo, sentía que ya había estado en este lugar y por algún motivo necesitaba volver a empezar acá. En esta tierra, en este lugar, en este momento.
No dude ni un segundo cuando Ana me dijo que podía ir a Bogotá el jueves para trabajar y volver el domingo y así quedarnos una semana más. Me tomé un colectivo el domingo a la madrugada, en la ruta, en Bogotá, a las 10 am. del domingo ya estaba de nuevo ahí para planear la travesía del lunes.
La travesía consistía en viajar hasta el Parque Natural Iguaque: Cuna de dioses, donde ibamos a vivir la experiencia mística de subir hasta los 4 mil mts. de altura donde se encuentra la Laguna de Iguaque, según la mitología Muisca Iguaque es el corazón de Bachué, es la fuente de eso, es la raíz de todo, es lo propio, es lo principal; la Bachué es del agua, es el agua misma. Bachué no se dejó conquistar, cuando vinieron los conquistadores a matarlos, se echó a ahogar en la laguna de Iguaque con el indio cacique y ahí se volvieron unas culebras de oro en la barriga de la laguna, se encantaron allá, pero no se dejaron conquistar. Hicieron una punta de como unos diez mil o quince mil propios indígenas, ahí se cogieron de mano en mano, y cuando mandaron todas sus pertenencias, todas sus joyas al fondo de la laguna, se fueron mandando uno por uno al fondo de la laguna y se echaron en cordón uno tras otro... allá quedaron y allá se encantaron; no se sabe si estén vivos o estén muertos, pero no se dejaron coger de nadie, no se dejaron conquistar y ahí están encantados. »
El lunes a las 4 de la tarde ya estabamos en el refugio, dispuestos a pasar la noche ahí, para iniciar el ascenso al día siguiente. Armamos la carpa, acomodamos todo y bajo unos 100 mts por la selva hasta la casa del guardaparque para comprar un poco de leña. Gran noticia me da cuando me muestra toda la leña mojada. Después de tratar de prenderla, convencerme de que no hubiese prendido ni con un litro de nafta, me relajo y me dispongo hacia la carpa a preparar unos sandwich de jamón y queso. la temperatura esta cerca de los 4° asique nos abrigamos y salimos a disfrutar de la noche que está inmensamente despejadas.
Disfruto de una Viuda Blanca al pasar mientras el techo de estrellas, creanme que hay tantas que es imposible no hipnotizarse con tantas lamparitas, y el sonido del silencio matizado con el canto de los grillos, de las ranas, de los buhos, de los.... Pppfff sería imposible describir el sonido de tantas especies a las que nunca les prestamos atención.
El humo, siempre dulzón se va sintiendo, el viaje ya empezó hace rato y me acuesto en la carpa con la cabeza afuera, no me permito perderme detalle. 2 estrellas fugaces juegan con Ana a las escondidas y yo me resigno a que se me cruce una. No es mi noche.
La mañana me trae de vuelta, con el sol por detrás de la montaña y en el aire se percibe una energía difícil de explicar.
Yo tengo algunos preconceptos acerca de mi equipamiento para Trekking, ya que sólo cuento con mis zapas amarradas con abrojos y mis babuchas verdes, pero el corazón me lleva, me empuja, no puedo evitarlo.
Bajamos del refugio para tomar la ruta del ascenso a la laguna.
Nos insertamos en el camino, la primera parte todo camino de selva hasta las 3.500 metros donde encontraremos la primer parte llana antes de un ascenso muy empinado.
Filmo algunos videos mientras la vamos llevando, y puedo afirmar que a los primeros 500 mts me costaba respirar con tranquilidad.
La altura empieza a sentirse y después de 1750 mts. Ana empieza a apunarse. Paramos a descansar y para que tome un poco de agua. Quiere seguir camino montaña arriba, mientras yo el explico que mi temor es que se descompense arriba. Hace oidos sordos y mirandome a los ojos me dice: "estoy bien, puedo seguir" confío en su poder interior y seguimos el ascenso.
Algo que hicimos mal fue no llevar ni siquiera un reloj, sólo me marco algunos puntos claves con el sol y calculo que es la 1 pm cuando llegamos a los 3.500 mts. Hace más de 3 horas que venimos caminando y calculo que falta por lo menos una hora más.
Lo que queda son 500 mts, esta vez los arboles desaparecen y queda todo desierto y piedras, todo hacia arriba. Después llegar a los 3.700 mts. el camino va a la derecha ascendiendo de a ratos un poquito más...
El frío se pone hostil y la neblina está cerca (nos habían recomendado que si bajaba la neblina pegáramos la vuelta), las piernas se movían solas y a paso acelerado, la sensación de estar vivo que sentí fue mágica. Caminando por la montaña, entre la neblina y ese imán de la naturaleza que nos iba manejando hasta su encuentro.
Ana divisa la laguna y la emoción se hace carne, penetra por los poros cómo si alguien estuviese acariciando tu espalda.
Bajamos cómo locos entre liquenes y cactus y nos damos un abrazo enorme en la orilla de la laguna. Estamos ahí. Había dudado mucho de llegar hasta ahí. El agotamiento físico desaparece y la neblina se empieza a espezar. Los dos estamos de acuerdo que tendríamos que volver pensando que no tenemos reloj y la neblina no nos deja ver el sol, entonces nos podría agarrar la noche en la selva si mis calculos fueron erróneos. Confiando en nuestra energía decido subir unos pasos más piedras arriba hasta que encuentro una cascada con un manantial de agua cristalina. Cargamos agua en el termo y nos ponemos a disfrutar del agua de la vida, de lo que la naturaleza nos da, contacto con la vida en su máxima expresión.
Yo me dispongo a dar luz entre tanta neblina cuando Ana me dice que no está de acuerdo. Entonces le expliqué, y me entendió, cualquiera de mis amigos estaría orgulloso y haría lo mismo que yo, en una laguna sagrada, en el punto más cerca del cielo que podés estar, abrazado con el mundo, sintiendo la fuerza de la tierra. Asique hago bailar la neblina con el humo y juntos ascienden al cielo, y se van con el viento para que llegue hasta donde están mis amigos, brindando conmigo.
El descenso se hace tedioso, me doblo el tobillo faltando 2 km para llegar al refugio, asique con calma y con renguera, hacemos el retorno por la selva.
Las palabras son anecdóticas y posiblemente no suene ni siquiera el 15 % de lindo de lo que viví ahí arriba. Sólo puedo decirles lo que yo sentí cuando me senté en la cama esa noche.
Definitivamente entendí porque vine a Colombia, a Bogotá, a Villa de Leyva.
En el camino hacia la Laguna sentía que ya conocía el camino, que mis piernas podían moverse solas sin que yo tuviese que hacer un esfuerzo en darles órdenes. Sentí que estaba dejando cosas allá, bien en lo alto, amigandome conmigo, amigandome con otros.
Por primera vez en todo el viaje siento que me muevo con la ola, con la energía de la vida, disfrutandola, siendo feliz a cada paso, eligiendo donde quiero estar, cuando quiero estar y como quiero estar.
No se duerman, que nadie se las cuente. A VIVIR.
Abrazo para todos y cada uno.
Subansé a la ola y a surfearla.
Pura Vida para todos
Yuyi
Me estoy dando muestra a mi mismo que si se puede. Que se puede elegir como vivir, como sentir, como caminar.
Realmente no tenía muy claro porque había caido en Colombia, incluso a lo largo del viaje mucha gente me pregunto y porqué empezaste por Bogotá, para lo cuál no tenía respuestas...
Hoy después de casi un mes acá puedo contar mis sensaciones.
La historia del viaje a la montaña arrancó la noche que conocí a Ana María y a Tata, hermana del dueño de La Cubanita...
Nos fuimos de rumba y de ahí a desayunar, ya con algunas copas de más en sangre me empezaron a hablar de Villa de Leyva, un pueblo en la montaña a 3 horas de Bogotá.
Resulta que los hermanos de Ana, 2 de ellos, viven ahí con sus mujeres.
Un domingo después de trabajar partimos hacia Villa de Leyva... Sin mucha claridad en el porqué estaba en ese auto, porque camino a ese pueblo... Por Qué?...
Llegamos y nos estaban esperando Pacho y Natalia en su casa del pueblo, de esas que todos queremos tener. Se hace de noche y abrimos una botella de vino tinto, mientras ayudo a Pacho a encender la fogata. La noche está alegremente despejada y el viento mecia unas cañas de bambú para que la paz sea extrema...
Para ponerlos en clima les diría que podrías ser un pueblito en Jujuy, en Salta o tal vez Merlo en San Luis.
Nos ponemos a hablar de esoterismo o otras yerbas, les cuento de la nena del depto de Cabrera, me cuentan alguna que otra historia de por acá hasta que llegamos a una historia puntual. Les conté que a principio de año, estabamos en Lacroze y yo me sentía afiebrado, cuando sentí que algo me pisaba el pecho, poniendome contra la cama y no me dejaba levantarme. Era la cara de un hombre y realmente no me dejaba mover. Según Natalia, la mujer de Pacho, la creencia indígena dice que eso es un brujo, que llega hasta donde estás por un motivo puntual. Creer o reventar. La cuestión es que terminamos hablando de una persona, su sobrenombre es Charry. El tipo tiene un observatorio astrológico. A la mañana siguiente nos levantamos y partimos a nuestro encuentro en el medio de la montaña a unos 20 o 30 Km. Me hizo la carta natal y astral, me habló mucho de cosas que sólo yo podía pensar, de mis viajes, de mi momento para curarme y sanarme, perdonar sin rencor y sin memoria. Me dijo algo tan lindo como.."El pasado no existe, porque es Pasado, el futuro tampoco porque es impredecible, El Presente es Ya, es hora de despertarse..."
No les miento si les digo que me fui shockeado como mínimo. Es raro cuando alguien que no te conoce te diga quién sos y qué buscas. Más raro suena cuando estabamos terminando la sesión y mientras me mira a los ojos me dice: "Deja que Fluya".
Villa de Leyva se empezaba a hacer más claro en mi cabeza. Ya empezaba a sospechar porque tenía que empezar por Bogotá. Como si las piezas se fueran acomodando. Le decía a Anita todo el tiempo, sentía que ya había estado en este lugar y por algún motivo necesitaba volver a empezar acá. En esta tierra, en este lugar, en este momento.
No dude ni un segundo cuando Ana me dijo que podía ir a Bogotá el jueves para trabajar y volver el domingo y así quedarnos una semana más. Me tomé un colectivo el domingo a la madrugada, en la ruta, en Bogotá, a las 10 am. del domingo ya estaba de nuevo ahí para planear la travesía del lunes.
La travesía consistía en viajar hasta el Parque Natural Iguaque: Cuna de dioses, donde ibamos a vivir la experiencia mística de subir hasta los 4 mil mts. de altura donde se encuentra la Laguna de Iguaque, según la mitología Muisca Iguaque es el corazón de Bachué, es la fuente de eso, es la raíz de todo, es lo propio, es lo principal; la Bachué es del agua, es el agua misma. Bachué no se dejó conquistar, cuando vinieron los conquistadores a matarlos, se echó a ahogar en la laguna de Iguaque con el indio cacique y ahí se volvieron unas culebras de oro en la barriga de la laguna, se encantaron allá, pero no se dejaron conquistar. Hicieron una punta de como unos diez mil o quince mil propios indígenas, ahí se cogieron de mano en mano, y cuando mandaron todas sus pertenencias, todas sus joyas al fondo de la laguna, se fueron mandando uno por uno al fondo de la laguna y se echaron en cordón uno tras otro... allá quedaron y allá se encantaron; no se sabe si estén vivos o estén muertos, pero no se dejaron coger de nadie, no se dejaron conquistar y ahí están encantados. »
El lunes a las 4 de la tarde ya estabamos en el refugio, dispuestos a pasar la noche ahí, para iniciar el ascenso al día siguiente. Armamos la carpa, acomodamos todo y bajo unos 100 mts por la selva hasta la casa del guardaparque para comprar un poco de leña. Gran noticia me da cuando me muestra toda la leña mojada. Después de tratar de prenderla, convencerme de que no hubiese prendido ni con un litro de nafta, me relajo y me dispongo hacia la carpa a preparar unos sandwich de jamón y queso. la temperatura esta cerca de los 4° asique nos abrigamos y salimos a disfrutar de la noche que está inmensamente despejadas.
Disfruto de una Viuda Blanca al pasar mientras el techo de estrellas, creanme que hay tantas que es imposible no hipnotizarse con tantas lamparitas, y el sonido del silencio matizado con el canto de los grillos, de las ranas, de los buhos, de los.... Pppfff sería imposible describir el sonido de tantas especies a las que nunca les prestamos atención.
El humo, siempre dulzón se va sintiendo, el viaje ya empezó hace rato y me acuesto en la carpa con la cabeza afuera, no me permito perderme detalle. 2 estrellas fugaces juegan con Ana a las escondidas y yo me resigno a que se me cruce una. No es mi noche.
La mañana me trae de vuelta, con el sol por detrás de la montaña y en el aire se percibe una energía difícil de explicar.
Yo tengo algunos preconceptos acerca de mi equipamiento para Trekking, ya que sólo cuento con mis zapas amarradas con abrojos y mis babuchas verdes, pero el corazón me lleva, me empuja, no puedo evitarlo.
Bajamos del refugio para tomar la ruta del ascenso a la laguna.
Nos insertamos en el camino, la primera parte todo camino de selva hasta las 3.500 metros donde encontraremos la primer parte llana antes de un ascenso muy empinado.
Filmo algunos videos mientras la vamos llevando, y puedo afirmar que a los primeros 500 mts me costaba respirar con tranquilidad.
La altura empieza a sentirse y después de 1750 mts. Ana empieza a apunarse. Paramos a descansar y para que tome un poco de agua. Quiere seguir camino montaña arriba, mientras yo el explico que mi temor es que se descompense arriba. Hace oidos sordos y mirandome a los ojos me dice: "estoy bien, puedo seguir" confío en su poder interior y seguimos el ascenso.
Algo que hicimos mal fue no llevar ni siquiera un reloj, sólo me marco algunos puntos claves con el sol y calculo que es la 1 pm cuando llegamos a los 3.500 mts. Hace más de 3 horas que venimos caminando y calculo que falta por lo menos una hora más.
Lo que queda son 500 mts, esta vez los arboles desaparecen y queda todo desierto y piedras, todo hacia arriba. Después llegar a los 3.700 mts. el camino va a la derecha ascendiendo de a ratos un poquito más...
El frío se pone hostil y la neblina está cerca (nos habían recomendado que si bajaba la neblina pegáramos la vuelta), las piernas se movían solas y a paso acelerado, la sensación de estar vivo que sentí fue mágica. Caminando por la montaña, entre la neblina y ese imán de la naturaleza que nos iba manejando hasta su encuentro.
Ana divisa la laguna y la emoción se hace carne, penetra por los poros cómo si alguien estuviese acariciando tu espalda.
Bajamos cómo locos entre liquenes y cactus y nos damos un abrazo enorme en la orilla de la laguna. Estamos ahí. Había dudado mucho de llegar hasta ahí. El agotamiento físico desaparece y la neblina se empieza a espezar. Los dos estamos de acuerdo que tendríamos que volver pensando que no tenemos reloj y la neblina no nos deja ver el sol, entonces nos podría agarrar la noche en la selva si mis calculos fueron erróneos. Confiando en nuestra energía decido subir unos pasos más piedras arriba hasta que encuentro una cascada con un manantial de agua cristalina. Cargamos agua en el termo y nos ponemos a disfrutar del agua de la vida, de lo que la naturaleza nos da, contacto con la vida en su máxima expresión.
Yo me dispongo a dar luz entre tanta neblina cuando Ana me dice que no está de acuerdo. Entonces le expliqué, y me entendió, cualquiera de mis amigos estaría orgulloso y haría lo mismo que yo, en una laguna sagrada, en el punto más cerca del cielo que podés estar, abrazado con el mundo, sintiendo la fuerza de la tierra. Asique hago bailar la neblina con el humo y juntos ascienden al cielo, y se van con el viento para que llegue hasta donde están mis amigos, brindando conmigo.
El descenso se hace tedioso, me doblo el tobillo faltando 2 km para llegar al refugio, asique con calma y con renguera, hacemos el retorno por la selva.
Las palabras son anecdóticas y posiblemente no suene ni siquiera el 15 % de lindo de lo que viví ahí arriba. Sólo puedo decirles lo que yo sentí cuando me senté en la cama esa noche.
Definitivamente entendí porque vine a Colombia, a Bogotá, a Villa de Leyva.
En el camino hacia la Laguna sentía que ya conocía el camino, que mis piernas podían moverse solas sin que yo tuviese que hacer un esfuerzo en darles órdenes. Sentí que estaba dejando cosas allá, bien en lo alto, amigandome conmigo, amigandome con otros.
Por primera vez en todo el viaje siento que me muevo con la ola, con la energía de la vida, disfrutandola, siendo feliz a cada paso, eligiendo donde quiero estar, cuando quiero estar y como quiero estar.
No se duerman, que nadie se las cuente. A VIVIR.
Abrazo para todos y cada uno.
Subansé a la ola y a surfearla.
Pura Vida para todos
Yuyi
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