Me imagino que todas las despedidas van a ser especiales y dificiles, que en cada lugar sembraré nuevos amigos, nuevas historias, cosas de las que sólo se llevan en el recuerdo y en el corazón.
Me imagino la historia de alguien al final del camino recordando y eligiendo los momentos donde fue realmente feliz y seguramente Bogotá se va a llevar un capítulo importante sin dudas.
Porque me alojó, porque me adoptó, porque es lindo y llena el alma cuando a uno lo invitan a quedarse, y te dicen "A dónde te vas a ir? Quedate acá!!. Y aunque se que tengo que seguir camino porque todavía ni empecé a encontrar eso que fui a buscar, me cuesta arrancar para la ruta.
El martes hice despedida con mis compañeros de trabajo, la historia era que ellos me querías invitar a mí a tomar algo y hacer una salida. Yo les dije que aceptaba con la condición que me llevaran a un lugar donde ellos sintieran como su casa, no importaba si era a tomar a una plaza, al bar del barrio o a la parada de los pibes en una esquina cualquiera.
Los pasé a buscar a las 4 de la tarde, nos subimos a un taxi con Henry, Jaime, y Ana y nos fuimos para La Florida. Un barrio alejado del centro de Bogotá que podría ser Pompeya o Constitución tranquilamente.
Llegamos como a las 6 porque el tránsito estaba imposible, con el estómago vacío y algo de sed. 4 cervezas y un cartón de aguardiente como para ir acomodandosé.
El lugar era como un club de barrio pero chiquito, imaginatelo como el buffet del club mejor dicho. 2 mesas de billar, 1 de pool, una rockola y un Sapo forman parte de las actividades principales. Las mesas y las sillas de diferentes tamaños y colores completan el mobiliario.
Yo empecé con cerveza, Henry, Jaimito y Ana con aguardiente más cerveza por supuesto. De a poco empezaron a convencerme con un poco de aguardiente. Nos dividimos en grupos y empezamos los desafíos al Sapo. 3 por equipo, el que gana se salva de pagar la ronda. Después de haber ganado ampliamente todas las vueltas nos damos cuenta que nos movieron el tanteador, nos matamos todos de risa mientras se busca a los culpables.
Desde la rockola siguen haciendo lo posible para que me sienta como en casa. El dueño del lugar me dice que los créditos corren por cuenta del bar mientras pone Calaveras y Diablitos de los Cadillacs. Gente que no de Todos tus muertos lo sigue y aparece Charly Demoliendo hoteles. Nada podría estar mejor y sin embargo en el medio de un partido de pool aparece una señora mayor. Traía una canasta de mimbre aunque eso poco importaba. Lo que importaba era lo de adentro, empanadas de carne con papa. Con la borrachera y el bajón me podrían haber dicho que tenían secuestrado a Francis Malmann cocinando para mí y sólo hubiese pensado que con razón estaban tan buenas.
Volvimos como a las 11 de la noche, borrachos como si fueran las 5 de la mañana, la amabilidad con que me trataron. El respeto con el cuál decidieron despedirme, sus palabras como compañeros, como personas con las que me cruzo en la vida.
Pocas veces me he sentido tan querido y respetado como en Bogotá y como dice Tato, estaré en muchos lugares pero no se si me van a tratar como acá.
El miércoles me levanto y me dedico a ser turista. Bajamos al mediodía en el Museo Nacional, recorremos un poco. La realidad es que parece más un museo de historia que de arte. }
Mucho retrato de los oligarcas de la época, muchas pinturas e instrumentos militares. Algunas cosas dedicadas a Bolivar y a la época revolucionaria. Después lo de siempre, la primera radio, el primer tv, el primer discurso presidencial y así sucesivamente. De arte poco, algo de Botero, 3 obras de Obregón y no mucho más.
Salimos de ahí y nos fuimos a almorzar previa pasada por la Plaza de Toros. Paramos en un lugar que se llama El boliche, especialidad en milanesas y pastas y una atención de lujo. La camarera, una hippie, rapada a los costados y de un lado el corte de pelo le dibujaba en corazón. El dueño, un gordito con cara de simpaticón. Llegamos pedimos milanesas y unos fideos con salsa 4 quesos para mí, con salsa de Langostinos para Anita. Salimos a fumar mientras esperamos las milangas, un abreapetito nunca está de más.
Terminamos de comer, la camarera me reta porque no me comí todas mis verduras, pero no puedo decir que no a un Tiramisú con un Té con Limón.
No me podía ni moverme pero el museo Botero estaba a la espera.
La voy a hacer corta para no aburrirlos, me parece muy buena la colección que tiene el Museo Botero, algo de Dalí, Klimt, Degas, Picasso por nombrar algunos, sumado a la colección de Botero y otros artistas latinoamericanos no se ven todos los días y aunque no se nada de arte ni de pintura ni de escultura, tengo la suerte de poder disfrutar de eso. Mirar una pintura o cualquier obra de arte y poder dicernir si te gusta o no, si te transmite algo o no, eso también es disfrutar del arte, sin necesidad de saber con que técnica lo hizo o sobre que material está impreso.
Después de discutir sobre el sentido del arte y la cultura, le planteo a Ana mi postura acerca de que el arte siempre tiene que ser la cara opuesta a la sociedad. Me gusta pensar el arte como a una disciplina con sentido crítico, donde la gente pueda reflejarse en eso, poder sentirse representado, que el arte sea la voz de los que no tienen voz.
Al menos es el arte que me gusta a mí, el que puede formar conciencia, el que puede expresar lo que me gustaría y no puedo.
De a poco me voy acomodando a esta idea que me ronda en la cabeza acerca de que vivir es un arte. Y donde cualquiera puede elegir todos los días como quiere vivir. Y voy buscando, y me voy amoldando a esta vida, disfrutando de las pequeñas cosas, caminando en la vereda de enfrente de los que dicen como hay que vivir, tratando de inspirar y contagiar a otros, mostrando que siempre se puede vivir de otra manera.
Abrazo para todos y cada uno.
Subansé a la Ola y a Surfearla.
Pura vida
Yuyi - 25 de Agosto de 2011
Pd: Las tumbas son para los muertos, las flores para sentirse bien....
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