jueves, 27 de octubre de 2011

Taganga... Vení si querés, Salí si podés...

Llegué a Santa Marta un domingo como a las dos de la tarde. Apenas me baje del bondi busqué los teléfonos de los contactos que me había hecho Isa. Resulto que Juancho no atendía, asique lo llamé a Nano, un nativo de Santa Marta, que es bastante conocido y respeto en el lugar.
Lo primero que me dijo es anda para Taganga, ni lo dudes, me paso algunos contactos, que finalmente no usé, pero igual siempre sirven y partí a tomar la buseta que me subía a Taganga.
Es un lugar inceíble, una bahía rodeada de montañas, el pueblo es muy hippie, muchos artesanos, mucha gente que cayó acá cuando no se había puesto de moda y se quedó para siempre.
Es el caso de Mónica, una Argentina que salió en el 79´ al exilio durante el mandato de Videla.
Hija de una familia aristocrática de Neuquén, con un tío General y otro Coronel, me cuenta que en ese momento estaban viviendo en Olavarría viviendo y después de estar 3 veces presa por pertenecer a un centro de estudiantes, los padres la sacaron en avión para Perú y ahí se quedó sola a los 18 años, viviendo un año en Cuzco. Después pasó por Ecuador y finalmente años después entró en Colombia instalandosé en Taganga. Y dice textual "esto hace 2 décadas era otra cosa, después lo empezaron a descubrir los turistas y todo se fue de las manos".
El se fue de las manos tiene su historia. Ella se instaló en la montaña junto a los indios Kogys, una comunidad indígena que habita la región. Pasó veinte años con ellos, aprendió de ellos, fue maestra, médico y agricultora. conoce la lengua Kogy y la habla perfecto, tuvo sus hijos con los indígenas por parto natural y crió a sus hijos con el amor y la sabiduría que estas comunidades tienen. Pero pasó lo peor, llegó la guerrilla y se instaló en la zona y con ellos los paramilitares, y por lo tanto muchos de los habitantes de la comunidad bajaron a la ciudad en tanto que los indígenas migraron a otra parte de la sierra.
Algunas malas decisiones y otras cosas que ni el destino sabría explicar la llevaron a caer en el basuco (pasta base local), se la nota muy deteriorada, pero lo más lindo que me queda en nuestra charla, nuestra reunión de mate y sus hermosas poesías.
Una mañana me fuí a la playa cerca de las 8 de la mañana a meditar y hacer un poco de yoga, con mi mate bajo el brazo y un buen libro de Saramago, El camino del elefante, después de un par de horas y de nadar un rato me senté a tomar mate y se acerca un chico, John Freddy es el nombre, me pregunta si soy argentino, porque el venía viajando con 3 chicas argentinas y se la pasaban tomando mate, le digo que si y lo invito a sentarse y compartir unos verdes.
La historia es que estuvo viviendo un mes y medio con los indios en el Putumayo, una región en la frontera con Ecuador y Perú, muy cerca del Amazonas, conociendo su cultura y sus formas de vida. Fue ahí donde hizo su primera toma de Yagé, después de muchas charlas con los Taitas (máxima autoridad de la comunidad, el hombre sabio) y con algunos chamanes se decidió a probar medicina.
Su relato me dice fielmente que la planta y su sabiduría lo limpiaron y ayudaron a ver mejor la realidad, su realidad.
Después de 5 o 6 tomas de medicina la planta le habló y sólo le dijo Parque Tayrona, y aunque el estaba a dos horas de cruzar a Ecuador, armó su mochila y se vino para el norte. se cruzó todo el país porque muy en el fondo sabía que quedaba mucho por aprender.
Hoy está en Taganga trabajando con una fundación que brinda ayuda a los indios en la sierra y está esperando la chance para instalarse un tiempo en la sierra nevada.
De regalo me dejó un collar, hecho con un pedazo de madera de una planta de Yagé y atado con hilo de cañamo con la promeza de que me acompañará hasta mi toma de Yagé si alguna vez llega la llamada.

Yo sabía que cuando fuera el momento la sierra también me llamaría cuando tuviese algo para decirme, y así fue que después de hablar horas acerca de la sierra y las comunidades indígenas, sentí una corriente de energía que me corrío por el cuerpo y a no ser porque tenía mis gafas puestas, probablemente se hubiesen visto las lágrimas que se me cayeron. Si me preguntan porque, les digo que no lo sé, pero cuando volví a la casa me encontré con Kai, un chico de Medellín que trabaja llevando gente a la sierra como guía, que me dice que el 1 de noviembre tiene un ascenso con un grupo que viene de Bogotá, si me gustaría ir?. Mi cara en ese momento se transformó y le contesté "es el día de mi cumpleaños y nada me haría más feliz que pasar la noche durmiendo en la comunidad indígena, en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Asique el lunes partimos hacia la montaña, previo paso por la Guajira para comprar caracoles y otras cosas para llevar a la comunidad, ya que ellos lo utilizan tanto para comer como para hacer algunos rituales.
No se lo que me espera, no se porqué siento esa atracción a la montaña, pero como diría Saramago, Siempre acabamos llegando a donde nos esperan.
Las cosas que me vienen pasando, sentir que realmente fluye la buena energía.
Puedo decirles que estoy realmente feliz del viaje que emprendí.
Esta tierra hermosa que es Colombia, que no para de sorprenderme y de darme Puro Amor y Pura Vida.


Abrazos para todos y cada uno
Subanse a la ola y a surfearla
Pura Vida

Yuyi - 27 de Octubre de 2011 - Taganga

jueves, 20 de octubre de 2011

Medellín... Eterna Primavera, Eterna felicidad..

No logro describirlo. Es tan bello este lugar que simplemente no tiene explicación.
Nunca termino de definirme si me gusta más de día, por la tarde o entrada la noche.
Me levanto cuando el sol me acaricia entrando por la ventana y su calor me abraza dandome los buenos días. La ciudad de la eterna primavera siempre inicia el día brillando a puro sol y de por si el buen humor inicia el día con él.
Por las mañanas estaba sólo en la casa, ya que Edwin se iba a trabajar y su primo Kevin al colegio, asique ponía algo de música, que variaba entre Divididos, Las Pelotas, otras veces la carpeta de reggae hace su parte y hasta llego a improvisar con la radio local escuchando salsa y son cubano. Después arranca la preparación del desayuno, cebolla de verdeo, tomates picados, unos huevos con jamón y queso, sal y pimienta y un omelette se pone en marcha, mientras una arepa se calienta en la hornalla de al lado.
Batiendo el café hasta conseguir la espuma deseada, con dos naranjas recién exprimidas, degustando los primeros humos matinales y completando el ritual una buena ducha.
Y les explico porque me cuesta elegir. Salir a la calle a las dos de la tarde puede ser igual o mejor de bueno. Sentarme a leer en un parque o simplemente caminar, recorrer, descubrir, hablar con la gente, como la niña que me regalo una pulcerita para que me proteja en el viaje, como Dani que me regalo el tatuaje que desde acá me acompaña, como los ojos que brillan y alumbran todo aún en las peores oscuridades. El mar se puede llevar el azul pero nunca la esencia.
Por la tardecita siempre (casi siempre) cae una lluvia increible, livianita, de las que se disfrutan, asique camino bajo el chaparrón, algo desprocupado y se siente rico.
Esta ciudad me dió la perspectiva que me faltaba, y me enseño algo de la libertad. Tan lindo y tan sano, entendí que no se necesita nada.
Va cayendo la noche y caminando llego hasta Carlos E. y me siento como en los setenta, reunido con hippies de 40 o 50 años (tal vez más) fumando, contando historias, el tío me canta un tango y me habla del barrio de Manrique, de la gardeliana, de los tiempos mozos. Un artista exhibe su arte mientras un pibe se frita la cabeza metiendosé dos rayas de coca y me explica que sufre de esquizofrenia debido a la cantidad de droga que consume. Me dice que salió de un psiquiatrico la semana pasada. Hijo de un fiscal, lo tenían atado como a un animal, aplicandole varias dosis de drogas tranquilizantes, asumo que ansiolítios o alguna de esas mierdas de diseño que disfrutan transformando a la gente en zombies. Me río cuando me dice que el quiere pactar con el diablo, que se le aparezca y que le deje cien millones de pesos colombianos (cincuenta mil dolares) y que el le promete gastarselo en farra, putas y drogas hasta morirse y me agrega, "pero este hijo de puta no existe, porque sino aparecería ya mismo". Mirándolo fijo le contesté que la vida no es una película, que la vida es otra cosa, que el diablo estaba con él hace rato, vestido de blanco en esa bolsa que llevaba en el bolsillo. Sólo me contestó que le servía para no pensar, se tomó otra raya y se perdió entre la gente.
A la noche me encuentro con Chavela y nos vamos al bar de mincho a tomar una copa de vino, por una cabeza suena de fondo y pienso en la cantidad de bares de tango que hay en esta ciudad. Uno al lado del otro, chiquitos, intimistas. Me imagino el Buenos Aires de otros tiempos, el Abasto, San Telmo, Boedo, tangueros de ley, cabeceando alguna pebeta para robarle unos pasos y tal vez algunos besos.
Escapando por los suburbios del centr nos vamos al Eslabón, que siempre está prendido y la banda suena de lujo como siempre. El de la puerta nos saluda y hace la vista gorda a la hora de cobrarnos la entrada. El lugar es largo y angosto, la banda toca adelante, las mesas a los costados y en el medio la pista de baile. Caminamos hasta el fondo, a la barra y los baños. Las paredes de ladrillo me recuerdan al viejo burgués, al de la calle Marcelo T., la fiesta que hay adentro también.
Banderas de Independiete de Medellín, algunas lamparitas rojas y azules iluminan levemente el ambiente y una bandera del Xeneize completa el decorado. Pienso y digo que trabajaría gratis en este lugar, me siento en el living de casa.
Llevamos los bolsos a la barra y me los recibe un pelilargo que no tiene menos de 55 años, mientras pasa el dueño, 60 años, en cuero, con gafas a lo John Lennon, relajado. Me pregunto que le pasaría por la cabeza a los 20 años. Pensaría llegar de esta forma o habrá querido ser abogado, médico.
Después de bailar dos horas, emprendemos el regreso.
Es contradictorio que me sienta tan tranquilo en una ciudad que parece vivir en estado de ebullición, donde los narcos se pasean por las calles como señores, en sus autos importados junto a sus fulanas de turno plásticas y educadas para atenderlos y de paso salvarse.
Vuelvo a la casa, cocino algo y aprovecho para pensar y escribir un poco.
Estoy perdidamente enamorado de Medellín, de sus callecitas, de su gente, de sus ojos.
Tal vez me siento así porque sé que acá nadie me necesita y eso te libera, te desprende, te hace libre.

En breve me voy a Santa Marta
¿Por qué me voy en general? No lo sé. Tengo dos teorías
1- Porque me estoy aburriendo. (no es el caso)
2- Porque me está gustando demasiado.

El tiempo y la distancia ponen las cosas en el lugar correcto, asique si Medellín es mi lugar o no, me lo dirá el camino.
De lo que estoy seguro es que ya me dió más de lo que podía imaginar.

Abrazos para todos y cada uno
Subansé a la Ola y a surfearla
Pura vida

Yuyi - 20 de Octubre de 2011 (Escrita unos días antes de partir hacia Santa Marta)

lunes, 3 de octubre de 2011

Con el nombre como sello...

Me llamo Juan Manuel Basquez, yuyi, sushi, maiki o chino según mis amistades, Nací el 1 de noviembre de 1982. Hijo de Patricia Alejandra y Alfredo Luis, quienes me enseñaron a caminar con honestidad, fuerza y respeto. Llorón como ella y amante de la cocina como él, aunque nunca tendré su talento.
Hermano de María Agustina, la mujer más hermosa del mundo, a quien amo perdidamente aunque cada día nos digamos menos las cosas. Orgulloso tío de mi princesa Olivia, con su sonrisa que ilumina todo, con quien ya nos encontraremos a su debido tiempo.
Nací en Arrecifes, entre tanos y gallegos. Me acuerdo de cuando era chico, el gallinero en el fondo del patio, los perros, la higuera, la planta de moras en el alambre que limita la casa de Doña Josefina. De las noches en casa de la abuela Josefa comiendo milanesas con papas fritas y huevo frito, siempre con coca cola esperandomé en la heladera. La joyita de la abuela me decía, vá, me dice. Me acuerdo de afanarle limones al viejo Bertini y después vender la limonada, de los sábados y los partidos de basquet.
Una vez Héctor me preguntó que significaba ser amigo de mis amigos y no supe que contestarle. Con el tiempo aprendí a sacar mi propia conclusión. Aprendí a elegirlos y aceptarlos tal cual son, a entenderlos y respetarlos.
A mi poyito por enseñarme que para ser hombre se necesita algo más que un pito, al vasquito porque nunca tiene un No como respuesta, a Willy que me enseño que las cosas materiales son sólo cosas materiales, a Dami por estar cuando nadie estuvo, a Mati por abrirme las puertas de su casa y de su corazón, a Pepi porque es Pepi, porque es un Gentleman, porque lo admiro y respeto. A mis amigas, a Lis que la quiero con locura y mi hermana menor, con la oreja siempre lista, a Pau que no me alcanzan los perdones que le debo y sin embargo me sigue soportando, a Manu por su amor, a Marce por su sabiduría, a Laurita mi doctora preferida, mi compañera de estudio (que feliz me puso saber que ya sos la doctora Laura) a barbi, mi rubia hermosa, por hacerme creer y soñar.
A punto de llegar a mis 29 abriles o noviembres, la vida me ha demostrado que siempre fuí alguien horrible, un egoísta que creía que el mundo giraba alrededor de mi ombligo, pensando que mis verdades eran más válidas que las del resto o sintiendo que me las sabía todas.
Duele encontrarse con uno mismo, aunque mirar para adentro siempre permite crecer, sanar y evolucionar.
Sábato dice que una persona es algo más que su estatura, el color de ojos o la edad. Hay algo más intrínseco, de índole espiritual, los recuerdos, los sentimientos y las ideas. Plantea que es un despropósito tener nombre, porque es como un sello que después no podré quitarme, aunque cambie de ideas, de sentimientos o de formas de actuar, siempre me voy a llamar Juan Manuel Basquez.
De a poco voy disgregando mi Yo interior y todo mi entorno y mis contextos van cambiando.
No se si me siento el Juan Basquez del que me acuerdo, pero la mochila la sigo cargando. Ahora que no necesito mas máscaras, ni la de hijo, ni la de novio, ni la de barman o consultor en una empresa, nadie me observo, ni me controla, ni me exige, ahora que voy tratando de ser yo conmigo mismo.
Voy renaciendo, aprendiendo.
Necesitaba descargarme, sentirme más cerca de los que alguna vez pensaron que yo era un imbécil, probablemente tenían razón. De los que puedo haber decepcionado o lastimado, de los que esperaban algo de mí, perdón por no cubrir sus expectativas.

Abrazos para todos y cada uno
Subansé a la Ola y a surfearla
Pura Vida

Yuyi - 3 de Octubre de 2011 - Medellín